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¡Este verano hay que viajar a Grecia!

'La democracia ateniense' y 'La vida privada y pública de Sócrates' enseñan al lector la complejidad y riqueza espiritual de la Grecia clásica

Atenas con el Partenon, en Grecia / PIXABAY
Atenas con el Partenon, en Grecia / PIXABAY

Este verano debemos viajar a Grecia. ¿Aeropuertos colapsados, un calor insoportable, maletas que se pierden? Respiren. No habrá que hacerlo físicamente. El viaje, sin embargo, es largo. Hay que retroceder unos 2.500 años y asentarse en la Atenas de Pericles, incluso antes. ¿Por qué? El viaje es determinante, nos será muy útil, porque se trata de zambullirse en el saber de los griegos, en lo que ellos entendían por su invento político, la Democracia. También podremos comprobar cómo algunos profesores amantes de la libertad eran acusados de pervertir a la juventud. ¿De qué viaje se trata? Los libros nos llevarán a Grecia. Se trata de dos obras complementarias, lecturas ideales para un verano cálido, con la calma de quien sabe que no deberá hacer colas y que puede repensar lo que acaba de interiorizar.

La vida privada y pública de Sócrates yLa democracia ateniense en la época de Demóstenes / FOTOMONTAJE LETRA
'La vida privada y pública de Sócrates' y 'La democracia ateniense en la época de Demóstenes' / FOTOMONTAJE LETRA

El primero es La democracia ateniense en la era de Demóstenes, de Mogens Herman Hansen, un clásico, que publica Capitán Swing. Se centra en el periodo 403-322 a.C., en concreto en los últimos treinta años, que son cruciales, los que coinciden con la carrera política de Demosthenes. El segundo es La vida privada y pública de Sócrates, de René Kraus, una obra de arte, que se publica por primera vez en español, a través de la editorial Arpa, y que llena de orgullo a su editor, Joaquim Palau

Una de las aseveraciones de los expertos en la democracia de la Grecia clásica hace referencia al poco conocimiento exhaustivo entre el ciudadano medio. ¿Se trata de falta de curiosidad, o de un proceso interesado? El danés Mogens H. Hansen escribió su obra como un manual. Es un libro que sirve para explicar cada una de las instituciones griegas, la Asamblea, el Consejo y los Tribunales de Justicia. No especula. No hay juicios de valor complicados, o que pretendan adoctrinar al lector. Lo que se encuentra en sus páginas es ciencia, es la investigación de profesores, que tenían, sí, un ideal y que buscaron cómo se podía contrastar con la realidad, con lo que se conoce, con el legado de lo que escribieron todos sus protagonistas. 

Pero sí señala algunas cosas Andrés de Francisco, filósofo, traductor del libro e introductor, con un prólogo extenso. Lo que señala De Francisco es que la democracia liberal se comió a la democracia directa, y que algunos de los elementos que aportaron los griegos clásicos se quisieron desterrar de inmediato. Hoy tenemos democracias liberales, las que surgen de la Revolución francesa y de la Revolución norteamericana. Y cualquier método que pase por el "sorteo" es invalidado. ¿Se podría llegar a nombrar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en España por sorteo? ¿Y por qué no? En Atenas se hizo. Se impuso el sorteo para la selección de magistrados en lugar de la elección, "porque los griegos sabían que detrás de la elección existe la posibilidad de tejer redes clientelares que consolidan nichos de poder en torno a aquellos que pueden prebendar lealtades expresadas en el voto". Y "extendieron el sorteo a la administración de justicia --a los dikasteria-- porque entendían que esa era la mejor manera de evitar la corrupción de los jueces". Y también se impuso la rotación de los cargos, porque la idea central siempre fue la de evitar la concentración del poder en pocas manos. 

El cumplimiento del deber

El libro de Hansen, didáctico, con contexto, diáfano, desmonta una de las acusaciones más habituales sobre la democracia griega, la de su supuesta sencillez. No lo es. El lector comprueba cómo la existencia de muchos mecanismos persigue ese rechazo a la concentración del poder, a la profesionalización de la política, aunque tampoco la erradica, porque se entiende que debe existir en un determinado nivel de la administración de la cosa pública. La otra acusación es que en Grecia había esclavos. Pero los países occidentales erradicaron la esclavitud hace muy poco, entre finales del siglo XVIII y XIX, y eso a pesar de que hay muchas relaciones en muchos estados que siguen recordando ese sistema productivo. ¿De verdad ha desaparecido? 

Si el libro de Hansen, publicado originalmente en 1991 es el trabajo de un filólogo clásico, un profesor y académico, la otra obra nos remite a un escritor austriaco, que estudió en Berlín, Viena y París. René Kraus lo publica en 1940 y se considera su obra maestra. Un clásico en el que aparece Sócrates, dialogando con los suyos, en situaciones cotidianas, siempre concentrado en lo suyo, y sin mostrar pánico cuando a su alrededor parece que se acaba el mundo. Kraus nos conduce a la Atenas clásica. No hay que tomar aviones. Desde la tumbona en el jardín podemos seguir sus reflexiones, y vemos cómo los padres no querían que sus hijos anduvieran con el filósofo, porque "corrompía" a la juventud, con su pasión por una moral en búsqueda de lo correcto, por expresar lo que se ha entendido, posteriormente, como civilización. 

'La muerte de Sócrates' (1787) pintada por Jacques Louis David, imagen de la defensa de los valores individuales frente a los sociales
'La muerte de Sócrates' (1787) pintada por Jacques Louis David, imagen de la defensa de los valores individuales frente a los sociales

Kraus constrasta a Sócrates con Eurípides, que llegaba a estrenar cuadro dramas al año. El poeta consideraba que no podía ayudar a un hombre. Sí se le podía retratar y mostrar ese retrato al mundo. Pero ayudarlo era tarea imposible. No era el caso de Sócrates: "Había un hombre que no se encogía de hombros, un hombre que sabía que no hay límites para el cumplimiento del deber. Sócrates irradiaba una fuerza amable que aliviaba las heridas que uno mismo se producía", escribe Kraus. 

Dos lecturas, dos libros, para estar todo el verano en Grecia, y para comprobar, con detalle y sin ninguna impresión de que el banquete ha sido indigesto, que la antigua democracia griega tiene todavía muchos secretos por descubrir. La democracia directa será complicada, pero se pueden probar cosas distintas, mejorar la calidad de las actuales democracias liberales, y pensar con la altura moral de Sócrates. Eso consideraremos desde el rincón que hayamos elegido, cargando las pilas para el otoño, y con la seguridad de que, por lo menos, Hansen y Kraus nos acompañarán durante mucho tiempo. Es lo que tiene no pasar el tiempo en las colas de los aeropuertos.