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Los crímenes de la urraca

La primera historia protagonizada por la editora Susan Ryeland y el detective de ficción Atticus Pünd se publica en España coincidiendo con la emisión en AXN de la miniserie basada en ella

Carátula de 'Magpie murders', Los crímenes de la urraca
Carátula de 'Magpie murders', Los crímenes de la urraca

El escritor británico Anthony Horowitz (Stanmore, 1955) es un prolífico autor de thrillers que inició su carrera dirigiéndose al público juvenil, entre el que triunfó de manera notoria con su serie de novelas protagonizadas por Alex Rider, un chaval de 14 años que trabaja para el MI6. Luego se pasó a la ficción policial para adultos y en 2016 publicó la primera historia protagonizada por la editora Susan Ryeland y el detective de ficción Atticus Pünd, Magpie murders (Los asesinatos de la urraca), recién publicada en España coincidiendo con la emisión en el canal AXN de la miniserie en seis capítulos basada en ella y que recomiendo fervorosamente al querido lector (en 2020 apareció en Inglaterra la segunda novela de la saga, Moonflower murders, aún inédita entre nosotros).

Horowitz se ha adaptado a sí mismo, pues ya está acostumbrado a trabajar para el sector audiovisual: ha llevado a la pequeña pantalla varias novelas de Agatha Christie protagonizadas por el irritante detective belga Hércules Poirot y su serie Midsommer murders es un clásico de la televisión británica. Magpie murders es, de hecho, una lograda mezcla entre el misterio contemporáneo y un homenaje a los clásicos (Horowitz es también responsable de uno de los mejores pastiches de Sherlock Holmes, La casa de seda). La acción alterna el momento presente con el año 1955, cuando tiene lugar la última aventura del detective alemán instalado en Londres Atticus Pünd.

Una escena de 'Magpie murders' o 'Los asesinatos de la urraca'
Una escena de 'Magpie murders' o 'Los asesinatos de la urraca'

Una extraña muerte

Todo arranca con la extraña muerte del papá de Atticus Pünd, el escritor Alan Conway (Conleth Hill), un tipo insoportable que se ha caído (o lo han empujado) del torreón de su mansión en la campiña británica, no muy lejos de Londres. Antes de diñarla, ha tenido el detalle de terminar la última aventura de Pünd, que, como él, sufre una enfermedad incurable. Solo hay un problema: falta el último capítulo. Y ello encocora profundamente a su editora, Susan Ryeland (una magnífica Lesley Manville), que no sabe qué hacer con ese manuscrito inacabado que pone en peligro la adquisición de la editorial de su jefe, el señor Clover, por un grupo de inversiones. Susan se propone encontrar ese capítulo perdido, aunque sea lo último que haga en su vida, y asistimos a sus denodados esfuerzos mientras, en paralelo, se nos muestra en imágenes la novela del difunto señor Conway, al que, aparentemente, detestaba todo el mundo.

Y así, a lo largo de seis episodios, vamos saltando de la extraña muerte de Conway a la no menos extraña de un ricachón campestre que tampoco le caía bien a nadie. Como nexo, Atticus Pünd se le aparece en sueños a la editora Ryeland como el del medio de Los Chichos a los hermanos Muñoz de Estopa. Cada intriga daría para su propia serie, pero es la peculiar mezcla de épocas y tonos lo que confiere a Los asesinatos de la urraca su especial interés. Siguiendo la fórmula del dos en uno, Horowitz nos ofrece, por el mismo precio, un thriller contemporáneo y un misterio clásico en la línea de los de Agatha Christie.

'Series confortables'

Magpie murders forma parte de eso que uno ha definido como series confortables (género que tiene sus cimas en Colombo y Se ha escrito un crimen), esas ficciones en las que te encuentras inmediatamente a gusto por lo que tienen de familiares y de saludable escapismo. El factor humano se ha reservado para la parte que transcurre en la actualidad, mientras que en la de 1955 juega con el cartón piedra que tanto entretenía a la señora Christie, que nunca fue un hacha en cuestiones psicológicas. El resultado es un producto entretenidísimo que nos deja con ganas de ver la segunda aventura de Susan Ryeland y Atticus Pünd, que no creo que tarde mucho en llegar.