Imagen del documental 'Clown Panic'

Imagen del documental 'Clown Panic'

Cine & Teatro

'Clown panic': Los payasos asesinos

'Clown Panic', el nuevo documental de Disney Plus dirigido por Ed Perkins que explora la coulrofobia como el fenómeno que se apoderó de la cultura

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De niño sufrí de coulrofobia, aunque entonces no sabía que se llamaba así el miedo a los payasos, y no solo porque, como decía mi difunto amigo Jaume Perich, “los payasos ríen por fuera y lloran por dentro, motivo por el cual suelen tener tan poca gracia”. Veía algo siniestro en ellos y me mantenía a una prudente distancia cuando me los cruzaba en algún cumpleaños infantil.

La figura del clásico augusto, especialmente, me resultaba aterradora, con esa cara blanca, las cejas, los labios y la lágrima pintados y ese cucurucho ridículo en la cabeza. Sin saber muy bien dónde me daba el aire, intuía en el augusto algún desvío sexual especialmente repugnante.

Curiosamente, me curé de la coulrofobia en el cumpleaños de un primo mío, cuando me crucé, yendo al baño, a los dos payasos de turno discutiendo a gritos por el reparto del dinero de ese bolo. Solo entonces capté, tras el maquillaje, el auténtico rostro de los clowns: necesitaban la pasta como cualquiera de nosotros, y eso les desposeía de su capacidad de atemorizarme.

La idea del payaso como algo terrorífico no solo se me ocurrió a mí. Stephen King la llevó al paroxismo con Pennywise, el monstruo come niños de su novela It (adaptada a la televisión y al cine). Y John Wayne Gacy, violador y asesino de menores, interpretó en la vida real el papel del payaso como criminal que se acerca a los niños bajo una apariencia humana y bondadosa.

Payasos presuntamente asesinos

Han colgado en Disney Plus un documental que aborda el tema de los payasos asesinos titulado Clown panic y que se adentra en un extraño fenómeno que tuvo lugar en Estados Unidos el año 2016. La cosa empezó en una pequeña localidad de Carolina del Sur, ese estado tan alabado por los Byrds en su bonita canción Hickory wind.

Cartel del documental 'Clown Panic' de Disney Plus

Cartel del documental 'Clown Panic' de Disney Plus

Un buen día, un niño se cruzó en un bosque cercano con un tipo vestido de payaso que lo miraba fijamente sin moverse de sitio. El niño salió corriendo —sale en el documental, ya adulto, pero aún marcado por la experiencia— y se metió en la cama, pero no tardó mucho en oír a alguien que caminaba por ahí fuera arrastrando cadenas por el suelo y profiriendo unos gemidos muy inquietantes.

El fenómeno se repitió en otros pueblos cercanos, y de ahí se fue extendiendo por todo Estados Unidos, hasta convertirse en un problema generalizado, pues se producían por todas partes avistamientos de payasos presuntamente asesinos. Internet se llenó de videos al respecto, la mayoría falsos.

Los payasos de verdad vieron muy reducida su captación de fondos a través de la gente menuda. Y, lo que es peor, nadie entendía a qué venía esa proliferación de payasos siniestros que nunca llegaban a matar a nadie, pero daban un miedo considerable.

El director del documental, el británico Ed Perkins —al que conocimos, para bien, con su largometraje Tell me who I am (Dime quién soy, 2019)— plantea su obra como un estudio de la coulrofobia como algo bien asentado en nuestra cultura, apuntando que, desde el principio de los tiempos, ha habido algo ambiguo en el mundo de los payasos, una voluntad disimulada de polisemia en un oficio supuestamente llamado a divertir a los niños, pero también a aterrorizarles.

Perkins no encuentra respuesta al fenómeno masivo que se materializó en el verano de 2016, presentándonoslo como un estallido ocasional de algo que siempre estará presente en nuestra cultura, el temor (¿irracional?) a los payasos, que puede mantenerse latente durante mucho tiempo, pero nunca desaparecer del todo.

El éxito de la trilogía Terrifyer (cine basura de la peor especie, como deduje tras tragarme media hora de la primera entrega), protagonizada por el clown más asqueroso de todos los tiempos, certifica la popularidad del payaso siniestro como personificación del Hombre del Saco, proporcionando nuevos motivos para la coulrofobia.

Lo que empezó en Carolina del Sur puede volver a suceder cuando menos lo esperemos. O hasta que nuestros problemas con los payasos se resuelvan solos, como me sucedió a mí con los dos pobres pringados de la primera comunión de mi primo.

En cualquier caso, sea en la ficción o en la vida real, algo me dice que nunca nos libraremos de ellos.