Sydney Sweeney, en la tercera temporada de 'Euphoria'

Sydney Sweeney, en la tercera temporada de 'Euphoria'

Cine & Teatro

‘Euphoria’: ¡Se acabó el colegio!

En la tercera temporada de la serie hay quien se ha quejado de demasiado sexo, de cierta actitud de voyeur morboso por parte del señor Levinson o de las secuencias presuntamente degradantes a las que habría sido sometida Sydney Sweeney

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Ya está a la vista (HBO, ocho episodios) la tercera temporada de Euphoria, aunque por el sistema del cuentagotas, que consiste, como ustedes saben, en colgar un episodio cada semana. Han pasado cuatro años desde la emisión de la temporada anterior y el fandom ya no podía más de esperar el regreso de sus tarados favoritos: Rue, Jules, Nate, Cassie (en este caso, tarado no es un insulto, sino una descripción, dado que todos los personajes de esta serie, sin excepción, disfrutan de un equilibrio mental francamente precario, ¡y ahí está su gracia! ¿Quién quiere ver a gente normal en la pantalla de su televisor cuando ya tiene que soportarla cada día en la vida real?).

Vi en su momento la primera temporada y me pareció un interesante estudio de cierta adolescencia americana (y puede que global) insatisfecha y neurótica de principios del siglo XXI cuyos personajes, drogados hasta el infinito y más allá e inseguros sobre sus relaciones sexuales, me recordaron bastante a los de la novela de Bret Easton Ellis Menos que cero, aunque algo más jóvenes aún.

Imagen de la tercera temporada de 'Euphoria'

Imagen de la tercera temporada de 'Euphoria'

La segunda me la salté porque ya había tenido bastante de sinsabores adolescentes y porque, francamente, a mi edad, difícilmente podía incluirme en el target de la serie (aunque su creador, Sam Levinson, hijo del cineasta Barry Levinson, también hace décadas que salió del instituto, por mucho que le atraiga meter la nariz en los dimes y diretes de los chavales).

Placer culpable

La tercera temporada de Euphoria ha llegado precedida de cierta polémica. Hay quien se ha quejado de demasiado sexo, de cierta actitud de voyeur morboso por parte del señor Levinson o de las secuencias presuntamente degradantes a las que habría sido sometida Sydney Sweeney y que a mí me parecen necesarias para que acabemos viéndola como lo que es: una tonta del culo.

Pero ahí está la gracia de Euphoria para el espectador adulto, que puede convertir la serie en un nuevo placer culpable que añadir a su ya larga lista de ellos.

Recapitulemos: han pasado cuatro años y todo el mundo ha dejado atrás el instituto. Rue (Zendaya) trabaja como mula para unos narcotraficantes muy chungos; Nate (Jacob Elordi, uno de los jóvenes actores más malos del momento presente) ha heredado la empresa de su padre, el pervertido sexual, y vive con Cassie (Sydney Sweeney, bajita, pero voluptuosa a más no poder: ¡Sigue apretando, Sam!); Jules (Hunter Schafer), la amiga trans de Rue, aún no ha salido, pero no debe faltar mucho: en su papel de nueva amiguita de Zendaya aparece nuestra Rosalía, que trabaja en un puticlub como bailarina lesionada con collarín.

Los actores de 'Euphoria'

Los actores de 'Euphoria'

Nuestros chicos han crecido y se enfrentan como pueden (bastante mal, pobrecillos) a la vida adulta. Rue con el narcotráfico, Nate intentando levantar su empresa y Cassie abriéndose un Only Fans para recaudar los 50.000 dólares que necesita para las flores de su próxima boda con Nate (los tontos hacen tonterías, como decía Forrest Gump).

Público nuevo

Por lo visto hasta ahora, Euphoria sigue siendo una serie muy entretenida y mucho menos dolorosa que cuando sus protagonistas tenían diecisiete años, pues hay en ellos menos angst y algo parecido a haberse conformado con las cartas que les han caído en el póker de la vida.

De hecho, podríamos dar por terminada la serie tras la segunda temporada y considerar la tercera una secuela modelo “¿Qué fue de?”. Sus personajes son los de siempre, pero podrían ser tranquilamente de nueva planta, lo que facilita hacerse con un público nuevo que nunca vio las dos primeras entregas de la serie.

Basta con los dos primeros episodios que hay colgados para engancharse a esta nueva Euphoria, y sin necesidad de ser un pervertido interesado en saber cómo se lo montan los chavales de ahora, lo cual hace de esta tercera temporada de la serie un producto de consumo respetable.