Imagen de la serie ‘Paradise’

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Cine & Teatro

‘Paradise’: Vida tras el fin del mundo

La serie es resulta una curiosa vuelta de tuerca al thriller político, con Estados Unidos reducido a una única ciudad artificial construida en el hueco de una montaña

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Al principio, Paradise (Hulu/Disney, ocho episodios) parece el típico thriller político en el que el presidente de los Estados Unidos aparece misteriosamente muerto y su mejor hombre debe estrujarse las meninges para averiguar quién lo ha eliminado y por qué mientas se enfrenta a peligros sin cuento. Pero no tardamos mucho en descubrir que los Estados Unidos han desaparecido de la faz de la tierra, junto al resto del planeta, y lo único que queda, teóricamente, es una ciudad artificial de 25000 habitantes construida en el hueco de una montaña, subterránea y con sol y luna artificiales.

Eso es Paradise, lo único que queda de América, es decir, del mundo en general, ya que, ¿a quién le importa todo lo que no sea América (del Norte)?

El presidente de los Estados Unidos, Cal Bradford (James Marsden) ya solo preside Paradise, aunque a su manera, ya que se pasa casi todo el día enganchado a la botella y muestra una actitud tirando a errática. Cuando lo matan, el jefe de su unidad de protección del Servicio Secreto, Xavier Collins (Sterling K. Brown), aunque no sentía una especial simpatía por él, se propone resolver el misterio de su fallecimiento.

Eliminar a una expedición

Supervisándolo (o, directamente, vigilándolo) está la siniestra vicepresidenta (o jefa de gabinete, o secretaria de estado, no queda claro, como tampoco queda claro el origen del desastre global y no se sabe si en Paradise han sobrevivido al apocalipsis zombi, a un ataque extraterrestre o a la tercera guerra mundial) del gobiernillo, Samantha Redmond, alias Sinatra (Julianne Nicholson), personaje turbio donde los haya que ordenó eliminar a los miembros de una expedición al mundo exterior porque habían descubierto que, aunque en un estado lamentable, aún había vida más allá de Paradise).

Imagen de 'Paradise'

Imagen de 'Paradise'

Otro personaje, aparentemente bondadoso, pero por el que no pondríamos la mano en el fuego, es la doctora Gabriela Torabi (Sarah Shahi), terapeuta del difunto presidente y de su as del servicio secreto que ha participado en el diseño de Paradise y que, episodio a episodio, cada vez tenemos más miedo de que nos salga rana.

Así pues, Paradise se aleja de lo que parecía ser en el primer episodio y se revela como un complejo estudio de personajes asaz bien trazados cuyos dimes y diretes sostienen el armazón de la obra.

Collins vive solo con sus dos hijos porque su mujer no llegó a tiempo de acogerse a la salvación selectiva. Su mejor amigo y segundo de a bordo es asesinado por otra agente del Servicio Secreto que, además, es su novia. La cosa se va enredando capítulo a capítulo y el espectador medio (o en su defecto, yo) cada vez se siente más felizmente perdido en un embrollo muy buen urdido que no prescinde del factor humano.

Artefacto muy especial

¿Qué hay, exactamente, fuera de Paradise? ¿Por qué se empeña Sinatra en ocultarle la realidad a lo que queda del noble pueblo americano? ¿Es la doctora Torabi una buena chica o forma parte de la conspiración de la vicepresidenta? ¿Pueden ser la hija de Collins y el hijo de Bradford los cabecillas de una presunta rebelión contra el régimen de Sinatra? ¿Está Sinatra tras el asesinato del presidente?

Tan peliagudas cuestiones no acaban de resolverse en la primera temporada de Paradise, pero tranquilos, que la segunda la cuelgan el día 23 de este mismo mes de febrero.

Y para los que se quedaron en el primer capítulo de la serie, creyendo que era otra historia más de conspiraciones políticas americanas, y no siguieron viéndola, les ruego un pequeño esfuerzo que tendrá su recompensa: Paradise es un artefacto muy especial que tarda un poco en adueñarse de la mente del televidente, pero cuando lo hace, que lo hace, engancha de mala manera.

Estamos ante una curiosa vuelta de tuerca al thriller político, ante una mezcla de géneros bastante lograda y ante un estudio de personajes francamente curioso. Es decir, que vale la pena ver Paradise, creada por Dan Fogelman.

O eso creo. Se admiten enmiendas.