'Aparadors Artístics' es una iniciativa llevada a cabo por la publicación cultural Hänsel i Gretel y Barna Centre, la federación formada por las 21 asociaciones de comerciantes del Gótico. Se trata de convertir los escaparates de los comercios emblemáticos del barrio en un museo de arte contemporáneo, pero al aire libre.
El objetivo es acercar el arte a los ciudadanos generando una conexión fuera de los espacios habituales que en ocasiones pueden resultar un poco inaccesibles, en todos los sentidos.
Este año, la sexta edición se celebra del 6 al 31 de octubre. Reúne hasta 40 establecimientos situados en las calles del Barrio Gòtic que muestran en sus escaparates las distintas propuestas diseñadas por artistas de varias disciplinas, emergentes y ya consolidados. Los escaparates pueden visitarse en forma de ruta que transita por calles emblemáticas como la calle Petritxol, la calle dels Banys Nous, la de la Palla o del Pi.
Ruta de la iniciativa de 'Aparadors Artistics'
Además de los escaparates, la iniciativa también sale a la calle. Por ejemplo, con la lectura de la escritora Maria Carme Roca, titulada 'El Barri Gòtic', que llevó a cabo el pasado 9 de octubre en el Ateneu Barcelonés, la presentación de la escritora Carlota Gurt de su libro La falòrnia (Sis microconferències de carrer sobre art i comerç), que tendrá lugar el próximo 21 de octubre.
O la acción de la artista Clàudia Vives-Fierro, este 15 de octubre, en la que ha transformado el Carrer del Pi, en una cartografía visual dejando las huellas de sus crocs —impregnadas en tinta— sobre una tela extendida a lo largo de la calle.
Para la artista plástica —doctora en comunicación audiovisual y experta en distintos campos como la pintura, el grabado, la escultura, el videoarte y el arte sonoro—, la experimentación y el proceso de creación deben situarse en el centro.
¿Una acción solo estética?
En esta ocasión, su intención era dejar constancia del espacio que ocupamos en los sitios que transitamos. "Ser conscientes de la huella que dejamos, nuestros pasos por el mundo no son inocuos, pero es más una acción estética que reivindicativa", ha recalcado antes de comenzar la performance.
Aunque yo creo que solo el hecho de intentar hacer algo en una calle del centro de Barcelona se convierte en un acto social.
Y así ha sido. La performance ha durado media hora, y ha sido interrumpida varias veces. Primero por una fila de furgonetas y taxis que han pitado hasta que la artista se ha apartado para que pasasen, por personas que no podían esperar para pasar por encima de la tela, o no iban lo suficientemente atentas para darse cuenta de que sus pisadas estaban comiéndose las pisadas de tinta.
¿Es tan complicado reducir la velocidad con la que vivimos, lo frenético, el centro de la ciudad, el turismo invasivo queriendo hacerse paso a toda costa, llegar a su destino, durante tan solo treinta minutos? ¿Es tan complicado algo tan simple como caminar? Resulta que sí.
Su intención era grafiar el paisaje sonoro de la calle a través del movimiento de sus pies y de la tinta que deja su pisada. En los últimos años la artista se ha centrado en el concepto de arte sonoro trabajando para distintos proyectos en los que seguía instrucciones que en esta ocasión se da ella misma. Convierte un cubo en un tintero y toda ella en la pluma.
Porque no solo ha dejado la huella de sus crocs chirriantes caminando a lo largo de la calle, también ha saltado en las casillas de una rayuela invisible, ha ido de puntillas, ha caminado al filo, en círculos, dibujando. Hasta el último tramo, en el que se ha quitado los zapatos para acabar caminando descalza con los pies empapados en tinta.
"No quiero decirle al espectador lo que tiene que recibir, es un campo libre en el que cada uno puede hacer la lectura que quiera, que le inspire y le quede algo en la retina es lo que me gustaría".
