Portada de la novela gráfica 'Tedward'

Portada de la novela gráfica 'Tedward'

Artes

La experiencia Pettinger

La novela gráfica 'Tedward', de Pettinger, muestra un mundo entre infantil y terrorífico, entre el humor subnormal y la perversión más lamentable, que me ha llegado al alma

Llegir en Català
Publicada

Si después del humor viene el post humor, resulta lícito preguntarse qué puede venir a continuación del post humor. Yo no lo tenía muy claro hasta que se cruzó en mi camino la extraña novela gráfica Tedward (Ediciones La Cúpula), del inglés trasplantado a Estados Unidos (se crio en la isla de Wight, famosa a finales de los años 60 por su festival musical, en el que acabó actuando Joan Manuel Serrat, pero solo en la ficción cinematográfica La larga agonía de los peces fuera del agua, y ahora vive en Chicago) Josh Pettinger, cuya lectura me ha dejado con el culo torcío, como diría el gran Joaquín Reyes.

No sabe uno si reírse o aterrorizarse con las cosas que le pasan al pobre Tedward, un muchacho que se define como chapado a la antigua y que solo busca el amor, pero que se acaba cruzando con lo mejor de cada casa.

Tedward vive con su madre, una mujer obsesionada con el cultivo del ruibarbo, del que a menudo se encarga su hijo, entre trabajo absurdo y trabajo deprimente, cuando no tiene nada mejor que hacer. Tedward sale a la calle cada día buscando amor, como el personaje de José Luís Perales, pero lo que encuentra solo son nuevos motivos para la depresión.

Portada de 'Tedward'

Portada de 'Tedward'

A veces es culpa de los demás: ¿quién podía imaginar que ese chico calvorota y con cara de tarado que dice querer ser amigo suyo solo aspira a cepillárselo de la manera más perversa posible? A veces es culpa suya, como en la historia en la que Tedward alquila televisores que funcionan con monedas, le endilga uno a una chica con la que aspira a llegar a algo serio y acaba llamando a la policía para acusarla de haberse cargado el mecanismo del aparato para que le salga gratis la diversión.

Mejor reír que llorar

A veces, Tedward nos parece un bendito que no está preparado para toda la fealdad de este mundo (“Este mundo nunca estuvo hecho para alguien tan bello como tú”, le decía Don McLean a Vincent Van Gogh en la canción que le dedicó).

En otras ocasiones, Tedward nos parece un idiota absoluto que se merece todo lo que le pase. Sus grotescas aventuras te llevan a la risa, más que nada porque es preferible reír que llorar, como ya dijo el gran Peret. Y porque si te las tomas por el lado malo, puedes acabar experimentando una sensación de incomodidad y de colapso mental que no se la deseo a nadie.

Imagen del cómic 'Tedward'

Imagen del cómic 'Tedward'

El humor incómodo ha sido ensayado previamente con bastante éxito. Pensemos en series de televisión como Curb your enthusiasm, de Larry David, Extras, de Ricky Gervais y Stephen Merchant, o Entrepreneurs, de nuestros Pantomima Full. Pero de ahí a lo que hace el señor Pettinger hay un salto de gigante que convierte a esas series en diversión adecuada para toda la familia.

Arrugar la nariz

La lectura de Tedward me ha hecho reír, arrugar la nariz, sentirme levemente incómodo y, sobre todo, pensar en el equilibrio mental de su autor, que adivino precario. Es el comic más raro que he leído en años y no sé cuál es exactamente su público. Eso sí, atravesarlo es toda una experiencia que no se parece en nada a ninguna anterior.

La Cúpula publicó hace dos años otro libro del señor Pettinger, Goiter, que me pasó desapercibido en su momento y que me lanzaré a comprar a la primera oportunidad. El mundo de Tedward, entre infantil y terrorífico, entre el humor subnormal y la perversión más lamentable, me ha llegado al alma.

Lo cual me lleva a la conclusión de que mi equilibrio mental puede ser tan precario como el de Josh Pettinger.