Poblenou, la utopía comunista de la Barcelona del siglo XIX: los restos de un sueño WIKIPEDIA
Poblenou, la utopía comunista de la Barcelona del siglo XIX: los restos de un sueño
La zona, llena de fábricas, era conocida como la Manchester catalana
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Hay una playa en Barcelona llamada Nova Icaria cuyo nombre pasa completamente desapercibido. A simple vista, nada parece distinguirla de otras como Bogatell o Vil·la Olímpica. Su historia, en cambio, sí es significativa.
Hubo un tiempo en que Barcelona soñaba con ser esa nueva Icaria. Una Icaria popular, de los trabajadores. Es decir, comunista.
No fue toda la ciudad, como es obvio. De hecho, en aquel entonces, en pleno siglo XIX, cuando el comunismo parecía posible, este rincón de la geografía catalana aún no formaba parte de Barcelona. Era, simplemente, Pueblo Nuevo.
Aún hay paredes en la ciudad que recuerdan este nombre en castellano de esta villa situada al borde del mar. Una comunidad de pescadores y trabajadores que vivían un sueño: el de la nueva Icaria.
Del comunismo a lo 'trendy'
Poco queda ya de eso. Ni tan solo el nombre original, solo su versión catalana. El Poblenou es hoy un barrio de moda, asociado a una rambla gastronómica hecha para turistas, con lofts y pisos con interiorismo trendy, oficinas creativas y empresas tecnológicas.
Sólo el nombre de una de sus playas, Nova Icaria, y una de sus avenidas, la Icaria, recuerdan que una vez Barcelona, como Martin Luther King, tuvo un sueño; un sueño de igualdad, también. Un sueño comunista.
Una utopía socialista
El paisaje por aquel entonces era distinto. El Poblenou estaba compuesto de chimeneas, calles a medio trazar y fábricas alineadas junto a espacios todavía rurales. Una Manchester catalana, como se la conocía.
En ese contexto industrial y precario, el barrio y su gente empezaron a pensar en maneras de mejorar sus condiciones laborales y de vida. El socialismo utópico empezó a ser una guía, y los experimentos cooperativos de organización de la vida obrera, un ejemplo a seguir.
Parc central de Poblenou
Las condiciones de vida eran duras: jornadas laborales largas, salarios bajos, viviendas pequeñas y, a menudo, insalubres, y una clara falta de servicios urbanos básicos. Un caldo de cultivo perfecto para estas ideas sociales, que cuestionaban el modelo económico capitalista dominante.
Bebiendo de las ideas que circulaban por Europa del socialismo utópico, antes incluso de la expansión de las teorías marxistas, los vecinos de Pueblo Nuevo buscaban una salida, una transformación social.
Idea original
La idea era que el cambio podía lograrse mediante la cooperación, la educación y la creación de comunidades ejemplares, sin recurrir necesariamente a la insurrección ni a la violencia.
Uno de los inspiradores fue el francés Étienne Cabet, autor de Viaje a Icaria. El libro hablaba de una comunidad ideal sin propiedad privada, basada en la organización racional del trabajo y la distribución equitativa de los recursos, con una convivencia igualitaria como horizonte.
Nuevo modelo social
Más que un programa político cerrado, se trataba de un modelo a imitar mediante experimentos concretos. No había un propósito de toma del poder, sino hacer que una vida mejor fuera posible a nivel comunitario.
Así, entre 1846 y 1847, un grupo de seguidores de esta idea eligió la zona del Taulat, entonces en las afueras industriales de Barcelona, para poner en marcha este experimento comunitario inspirado en el libro de Icaria.
Rambla del Poblenou Turisme de Barcelona
El proyecto se planteó como una experiencia práctica de socialismo cooperativo: organización colectiva del trabajo, reparto equitativo de los recursos y una convivencia fundamentada en la solidaridad.
El cooperativismo y el asociacionismo obrero se expandieron por Poblenou en la segunda mitad del siglo XIX. En el barrio proliferaron cooperativas de consumo, mutualidades y ateneos, que se convirtieron en espacios de encuentro y organización y ofrecían servicios.
En qué consiste
Algunas de estas entidades, como L’Artesana o La Flor de Maig, ayudaban a abaratar el coste de la vida mediante compras colectivas, promovían la educación básica y la formación cultural, e impulsaban actividades recreativas para la población trabajadora.
Estas iniciativas convivieron con otras corrientes obreras y políticas, como el anarquismo o el republicanismo, pero mantuvieron una idea central del socialismo utópico: la mejora social empezaba en la vida cotidiana, a través de la cooperación entre vecinos y del control colectivo de ciertos recursos.
Breve aplicación
Como ha demostrado la historia, el experimento tuvo una duración breve. Su impacto inmediato en la estructura social del barrio fue limitado.
Con el paso de las décadas y las sucesivas transformaciones urbanas, aquel Poblenou industrial se fue desdibujando.
Barrio del Poblenou
Muchas chimeneas desaparecieron y numerosas fábricas fueron derribadas o reconvertidas, primero por los cambios productivos y más tarde por operaciones urbanísticas de mayor escala.
Sobre parte de aquellos suelos industriales se levantaron edificios residenciales y equipamientos. Esas fábricas y espacios de cooperación son ahora oficinas vinculadas a la economía capitalista.
El cambio del barrio
Cuesta encontrar ahora algo de aquel Poblenou. Todo ha quedado para los libros de historia, aunque, de alguna manera, si se pone voluntad, se puede seguir el rastro de aquel sueño.
Una buena prueba es el famoso plan Cerdà del Eixample de Barcelona. Su creador, Ildefons Cerdà, incorporó en sus planes referencias simbólicas a Icaria, denominando así algunas áreas.
Es de allí, de ese ideal comunista y de esta vida cooperativa, que vienen, en parte, algunos nombres de calles, playas y avenidas que han perdurado hasta hoy, como la Avenida de Icaria, la playa y otros espacios. Es apenas un símbolo, un recuerdo, pero menos es nada.