La ruta de los búnkeres de Sant Llorenç de la Muga

La ruta de los búnkeres de Sant Llorenç de la Muga CRÓNICA GLOBAL

Historia

La ruta de los búnkeres de Sant Llorenç de la Muga: un paseo por la frontera del miedo franquista

Estos refugios militares forman parte de una de las más extensas líneas de defensa diseñadas por el franquismo

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Cataluña está en una situación estratégica clave. Su territorio siempre ha sido disputado y hay pruebas físicas, ruinas y documentos históricos que así lo acreditan.

Basta con ver la cantidad de castillos que hay repartidos por todo el territorio para darse cuenta. Pero también construcciones de guerra más recientes, como los búnkeres.

En la zona de Sant Llorenç de la Muga, en el Empordà (Girona), hay varias de estas construcciones. Este pueblo de menos de 200 habitantes tiene una posición clave y, en sus alrededores, sobreviven algunos de estos refugios de guerra.

Se nota cuando uno da una vuelta por sus alrededores montañosos. Allí, en medio de los campos y junto al río Muga, aparecen restos de hormigón, semienterrados entre la vegetación.

Una línea de defensa

A pesar de estar relativamente cerca de la costa, estos búnkeres, algunos de ellos inacabados, formaban parte de la llamada Línia Pirineus. Se trata de un sistema defensivo del franquismo tras la Guerra Civil.

A partir de 1939, el régimen franquista impulsó esta línea de defensa ante la amenaza percibida de una invasión desde Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Del País Vasco al Empordà

El proyecto preveía miles de fortificaciones desde el País Vasco hasta el Mediterráneo: trincheras, nidos de ametralladoras, refugios y observatorios para repeler tanto un posible desembarco aliado como incursiones de guerrilleros exiliados.

En Sant Llorenç de la Muga parecía crucial. La frontera con Francia está a solo 15 kilómetros. Para la dictadura, el control de los pasos naturales justificó la ubicación de los refugios.

El problema es que no todos se acabaron. La falta de recursos económicos, los cambios geopolíticos y el progresivo aislamiento internacional del régimen provocaron el abandono del proyecto antes de su finalización.

Un ejemplo de ello es el búnker de la zona de la Cortada. Tiene tres accesos independientes que nunca se comunicaron entre sí, muestra de una obra interrumpida.

Búnkeres inacabados

A pesar de que estos refugios militares, algunos de ellos individuales, fueron construidos y nunca terminados, hoy adquieren sentido. Sirven de recuerdo del pasado, e ir en busca de ellos implica recorrer una ruta por la memoria histórica de la zona y del país.

El itinerario parte del núcleo urbano y sigue caminos rurales hasta el puente de Rimbau, donde el río Muga marca el regreso.

Recorrido especial

Se trata de un recorrido circular sin mucha dificultad técnica, apto para la mayoría de caminantes, que permite acceder a dos estructuras principales de la Línea P, camufladas por la vegetación. Aunque hay que estar atentos, aquí no hay señalización oficial alguna.

No son siempre fáciles de ver: los restos se encuentran semienterrados y cubiertos por la maleza. Y es que no están ni protegidos, ni indicados, ni vallados. De ahí que sea fácil el acceso.

A su vez, esto les da un aire de autenticidad. La ausencia de restauración oficial permite conservar el carácter original de las construcciones, aunque también acelera su deterioro por la acción de la lluvia y las raíces.

El búnker principal presenta aberturas para ventilación y posibles posiciones de tiro, aunque el interior permanece oscuro y húmedo por la falta de mantenimiento.

Cuánto dura la ruta

El segundo refugio, situado río abajo, conserva mejor su estructura exterior. Desde ambos puntos se dominan visualmente los accesos al valle del Muga, confirmando su función estratégica de vigilancia.

El itinerario completo dura entre dos y tres horas, dependiendo del cruce elegido y de las paradas para explorar las estructuras.

Cuántos hay

La Línea P, por su parte, se extendió por todo el Pirineo catalán, con mayor densidad en sectores como el Capcir, la Cerdanya y el Pallars. En total se construyeron más de 8.000 elementos defensivos, aunque apenas un 30 % se completaron.

En el Alt Empordà, los búnkeres de Sant Llorenç se conectaban visualmente con fortificaciones de Roses, Castelló d’Empúries y el coll de Banyuls.