No todos los castillos lucen como en las películas. Con los años, el desuso y la historia, estas construcciones quedan completamente derruidas. Pero, por mucho que sean menos espectaculares, esas ruinas hablan.
No mucha gente está atenta a escucharlas o leerlas; incluso hay quien no quiere ni visitarlas. De ahí que una de las fortalezas más importantes del Maresme pase tan desapercibida.
Se trata del castillo de la Mata, en Mataró. Bueno, en sus afueras. En la cumbre del cerro de Onofre Arnau todavía se pueden ver los restos de esta fortaleza, hoy convertida casi en mirador.
Pero antes de ser una atalaya, la fortificación fue un enclave estratégico. Así lo atestiguan los documentos encontrados al respecto.
De quién era
Los primeros son del año 1040. La fortaleza estaba entonces bajo la propiedad de los condes de Barcelona.
Por aquel entonces, el castillo de la Mata era una pieza clave en un sofisticado sistema de comunicación óptica y vigilancia costera.
Dónde está
A pesar de estar aislado y a 130 metros de altura, mantenía un diálogo visual constante con otras fortificaciones icónicas del Maresme, como el imponente Castell de Burriac, en Argentona; la Torre de Onofre y la Torre Can Elige.
Esta red de atalayas permitía transmitir señales de alarma a una velocidad asombrosa ante cualquier incursión marítima sospechosa, una práctica habitual en la época.
Este era, en esencia, el “sistema de radares” de la Edad Media, diseñado para proteger a la población de los ataques que llegaban por el azul del mar. De hecho, se trataba de una estrategia defensiva que se extendía de forma coordinada desde el Cap de Creus hasta el Garraf.
Fuera por el sistema de alerta, por su posición o por lo estratégico de su ubicación, el castillo resultó atractivo para diversas familias nobles.
Lugar de nobles catalanes
Tras los condes de Barcelona, la propiedad pasó al linaje de los Castellví-Moncada y, ya en el siglo XIV, a manos de Arnau Ballester.
Antes de su declive final, la fortaleza perteneció a Pere de Márgenes y, a partir de 1421, regresó al dominio directo de la monarquía. Sin embargo, el destino del castillo estaba sellado.
Espacio abandonado
Tras pasar por las manos de las familias Destorrent y Pere Joan Ferrer, la fortaleza fue definitivamente abandonada a principios del siglo XV.
Este desuso coincidió con un cambio de era: la consolidación de la Corona de Aragón y el inicio de la Edad Moderna redujeron las amenazas marítimas inmediatas, haciendo que estas torres de vigilancia perdieran su propósito vital.
Con el tiempo, el silencio se apoderó del cerro y la naturaleza comenzó su lento proceso de reconquista.
Hoy lo que queda del Castell de la Mata son puras ruinas, un testimonio fragmentado de aquellos años. Apenas subsisten las bases de lo que fue una torre circular, junto con algunos lienzos de muralla y antiguas cisternas.
Primeras excavaciones
Estos elementos fueron sacados a la luz durante unas excavaciones arqueológicas en 1991. Los trabajos revelaron que el castillo seguía la tipología clásica de los castillos de vigilancia catalanes del siglo XI.
Así se ha sabido que la fortificación contaba con una torre señorial robusta, protegida por un perímetro amurallado y un aljibe para garantizar el suministro de agua.
Estado actual
Su estado de deterioro ha hecho que muchos hayan olvidado el Castell de la Mata; sin embargo, el yacimiento goza de protección oficial bajo el decreto de 1949 sobre castillos y la Ley del Patrimonio Histórico Español.
El problema es que, a pesar de esta catalogación, no existe protección efectiva ni proyecto alguno en el lugar. Ni siquiera museización o señalización oficial. Pero eso no lo hace menos importante.
Además, si uno no está interesado en la historia, siempre puede acercarse por las vistas. Subir al cerro de Onofre Arnau tiene su recompensa por otras razones: su panorámica privilegiada.
Desde este balcón natural se divisa con nitidez la bahía de Mataró y la plana del Maresme. La ausencia de construcciones modernas en la misma cumbre lo permite.
Cómo llegar
Acercarse hasta allí tampoco es muy complicado. Mataró está a unos escasos 40 minutos en coche de Barcelona.
Se va por la C-32 hasta la salida de Sant Andreu de Llavaneres. Allí se enlaza con la BV-5031 y, una vez superado el kilómetro 2, un desvío a la derecha marca el inicio del camino hacia la masía Múgica.
El trayecto continúa por una pista forestal de grava compactada durante unos 800 metros, transitable para turismos y bicicletas de montaña.
Al llegar a la base del cerro, comienza la parte más auténtica de la ruta: una subida a pie por un sendero fácil y con premio.
