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Los misterios de Cataluña se cuentan por centenares. Casi cada pueblo o ciudad tiene su leyenda. Aunque hay una ermita a 20 minutos de Barcelona cuyo enigma es más cercano.

Se encuentra en las montañas del Baix Llobregat, en una conocida como Montbaig. Allí, en los límites de Viladecans, Sant Boi de Llobregat y Sant Climent de Llobregat, se alza una iglesia donde pasan cosas extrañas.

Hasta ahora, la ermita de Sant Ramon era más conocida por las vistas que ofrece del delta del Llobregat hasta Collserola, el Garraf y las montañas de l’Ordal. A pesar de estar solo a 289 metros de altura, incluso, en días despejados, se alcanza a ver el macizo de Montserrat y la Serra de Tramuntana en Mallorca. Pero hay más misterios que ese.

Locales y visitantes aseguran que, durante la noche, se escuchan susurros y voces lejanas. Los hay que dicen haber visto figuras encapuchadas recorriendo los antiguos caminos.

De cuándo es

Los amantes del misterio suelen acercarse allí, especialmente, al caer la noche. Aseguran que incluso luces inexplicables aparecen sobre la cúpula.

Hasta ahora, la ermita no era conocida por eso, sino por su arquitectura. Se construyó entre 1885 y 1887.

Quién está detrás

Su autor es Josep Estruch i Comella, que la erigió en memoria de sus padres, Eulalia Comella y Ramon Estruch i Ferrer. Ellos fueron los patronos de la capilla.

La fortuna de la familia del arquitecto se originó con su padre, Ramon Estruch i Ferrer, un indiano que realizó inversiones importantes en ferrocarriles y banca y tuvo vínculos políticos con el general Prim.

Ermita de Sant Ramon TURISME BAIX LLOBREGAT

Su hijo, Josep, no destacó como hombre de negocios, sino como coleccionista: poseía una importante colección de armas y armaduras, además de una gran pinacoteca, aunque pasó a la historia por su ermita de Sant Ramon.

Antes de su construcción, la montaña era conocida como La Fita, en referencia a la división entre los tres municipios colindantes. Pero la iglesia adquirió tal protagonismo que ahora ya es la montaña de Sant Ramon.

Un estilo particular

¿Qué tiene la ermita? Algo poco visto: un estilo neocarabántico. Se trata de una corriente arquitectónica revivalista, es decir, que recupera formas de estilos históricos.

En concreto, hace referencia a la reinterpretación del estilo carabántico, que se inspira en las construcciones religiosas y populares de la región de Carabanchel y zonas cercanas en España, con tejados a dos aguas, fachadas sencillas y materiales locales como piedra o ladrillo.

Destruido por la Guerra Civil

La ermita de Sant Ramon, en este caso, consta de tres cuerpos, aunque solo el central se considera la iglesia propiamente dicha. El interior original fue destruido en 1936, al inicio de la Guerra Civil, y posteriormente reconstruido.

Actualmente, la nave está rematada por un sencillo retablo presidido por una imagen contemporánea de Sant Ramon, bendecida al finalizar el conflicto.

Ya esta imagen resulta muy atractiva para los amantes de lo paranormal. La advocación de la ermita es San Ramón Nonato, patrón de los recién nacidos.

A pesar de lo tenebroso que pueda resultar, la tradición y devoción por el santo se mantiene viva.

Tradición religiosa

Es costumbre subir hasta la ermita para dejar exvotos y encender velas en honor al santo, especialmente durante la festividad que se celebra el último fin de semana de agosto.

Más allá de la fiesta, que comparten Viladecans, Sant Climent y Sant Boi, visitar la ermita es algo común entre senderistas, familias y curiosos.

Gastronomía y naturaleza

Desde aquí no solo se pueden ver puntos clave de la geografía catalana, sino que se puede hacer una parada para reponer fuerzas o conocer más de la zona.

La presencia del bar en la cima y el Centro de Interpretación del Paisaje permite al visitante complementar la experiencia con información sobre el entorno natural y cultural.

Aunque en los últimos años, los que más suben son los que gustan de fenómenos paranormales. Voces, psicofonías y apariciones parecen escucharse y verse por la zona.

Leyendas locales cuentan que, de noche, es posible ver figuras encapuchadas recorriendo el antiguo camino: monjes espectrales que avanzan en procesión, acompañados de cánticos que parecen surgir de la niebla y desaparecen sin dejar rastro.

Actividad paranormal

Algunos visitantes relatan luces inexplicables sobre la cúpula y pasos que no corresponden a los suyos, en un silencio absoluto que envuelve la cima.

¿Se trata de ecos históricos de la destrucción de 1936, de guardianes de un tesoro enterrado bajo la ermita, o de energía antigua que aún permanece en la montaña? Tal vez es solo el viento, algún animal o incluso gente que se acerca.

En cualquier caso, la ermita de Sant Ramon combina paisaje, historia y misterio. Un aliciente más para ir de visita.

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