¿Puede un genio ver el futuro? ¿Pudo Gaudí adelantarse en el tiempo e imaginar al mítico Snoopy e incrustarlo en la sala de las columnas del Park Güell?
Eso es lo que algunos creen cuando entran en la Sala Hipóstila del parque, alzan la vista y, entre los mosaicos, distinguen una figura reconocible.
Más allá de sus 86 columnas, muchos visitantes quedan impactados por esta visión. Aunque no es la única: el lagarto, la casa de Hansel y Gretel y otros rincones del Park Güell fascinan cada año a los millones de personas de todo el mundo que lo visitan.
La llamada Sala Hipóstila, también conocida como la sala de las columnas, es otro de los grandes símbolos del parque y una de las obras más singulares de Antoni Gaudí.
Patrimonio protegido
El espacio forma parte de este conjunto arquitectónico que tenía que ser una urbanización y se quedó en un parque, pero no uno cualquiera.
Hoy, el Park Güell no es solo un pulmón verde de Barcelona convertido en monumento: es Patrimonio Mundial de la Unesco.
Los atractivos del Park Güell
Su fama no se debe solo a sus dimensiones y diseño, sino a la cantidad de funciones, significados y detalles ocultos que encierra.
El recinto destaca por su integración en la ladera de la montaña del Carmel, por el uso del trencadís y por una concepción orgánica de la arquitectura, donde las formas se adaptan al terreno.
Detalle de un banco del Park Güell
Elementos como la escalinata del dragón, la gran plaza superior o los viaductos elevados son hoy paradas obligadas para cualquier visitante. Y, entre todos esos espacios, la sala de las columnas ocupa un lugar central.
Situada bajo la gran plaza, conocida originalmente como el Teatro Griego, fue diseñada como un mercado cubierto para los futuros habitantes del parque. Su función, acorde con el proyecto de urbanización, debía ser práctica. Gaudí la transformó en una estructura monumental.
La función de las columnas
Las 86 columnas dóricas que sostienen el peso de la plaza superior dan fe de ello. Su aspecto recuerda a un templo clásico, aunque reinterpretado desde el lenguaje modernista, lleno de secretos.
Para empezar, las columnas no solo cumplen una función estructural: en su interior discurre parte del sistema de recogida de aguas pluviales, que canaliza el agua hacia un gran depósito subterráneo. Desde allí, el agua se distribuye mediante fuentes, una de ellas integrada en la escalinata del dragón.
Snoopy en Barcelona
El techo de la sala es uno de sus elementos más llamativos. Está decorado con medallones de trencadís diseñados por Josep Maria Jujol, estrecho colaborador de Gaudí.
Cada uno presenta composiciones distintas, con juegos de colores, fragmentos cerámicos y formas abstractas. Y es allí, en uno de estos medallones, donde algunos visitantes creen reconocer una figura similar a Snoopy.
Turistas en el Park Güell de Barcelona
¿Fue una revelación? No. Tal y como explican los profesionales, esta asimilación es fruto de la pareidolia, el fenómeno psicológico que lleva a identificar formas conocidas en patrones aleatorios.
Pero que esto no lleve a la decepción. Más allá de esta curiosidad, el techo esconde otros detalles menos evidentes.
Los mosaicos
Entre los fragmentos cerámicos se han identificado restos de vajillas, botellas y piezas reutilizadas. La irregularidad de las formas y la disposición de los materiales generan efectos visuales distintos según la luz del día.
La acústica es otro de los aspectos que más sorprenden. La disposición de las columnas y la geometría del espacio provocan una resonancia particular, perceptible incluso con sonidos leves.
A todo ello se suma que las columnas de la Sala Hipóstila tienen un papel completamente funcional. La gran explanada, concebida como espacio de reunión y actos colectivos, se apoya directamente sobre las columnas.
No es lo único. El banco ondulante que la rodea actúa, además, como canal de recogida de agua, cerrando un sistema hidráulico eficiente y discreto.
¿Un visionario?
Todo ello contribuye a subrayar la importancia del arquitecto catalán. Gaudí no solo encontró un estilo único, sino que hizo posible una convivencia entre la arquitectura y la naturaleza y, además, supo guardar secretos y lanzar mensajes.
Algunos de ellos se han sabido leer; otros, como el de Snoopy, salieron sin querer, una prueba más de lo visionario que era el genio modernista.
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