Pasa desapercibida para la mayoría. Está en pleno Eixample (Barcelona), rodeada de pisos y tráfico, pero casi nadie la ve. Ni siquiera se asoma su chimenea. Si no es porque casi siempre se organiza algún evento, nadie repararía en ella.
Lo que sí sorprende es que, paseando por la ahora peatonal calle de Consell de Cent, se abre un portal. Una entrada que invita a descubrir uno de esos patios interiores diseñados por Ildefons Cerdà, pero que en realidad conduce a una antigua fábrica alemana de juguetes.
A algunos puede que les suene el nombre; otros, quizás, estén más familiarizados con algunos de los productos que allí se fabricaban, como las muñecas Edén Bebé. Es la Fábrica Lehmann.
La fábrica se instaló en el Eixample en pleno apogeo de la industria catalana y de la expansión de la ciudad. Corría el año 1893, a finales del siglo XIX.
El pasado del Eixample
Por aquel entonces, el barrio no era una zona residencial, así que el conjunto fabril no desentonaba en el entorno. Hoy, en cambio, esa chimenea que aún se conserva resulta extraña. ¿Qué hace allí, en medio de un patio?
La respuesta está en la historia de la ciudad. La Fábrica Lehmann conserva su estructura original y resume, como pocos lugares, la transformación urbana de Barcelona. De espacio productivo a refugio creativo. De la industria al diseño.
Quién está detrás
Poco podía imaginar el promotor, Ernest Paul Lehmann, que su fábrica llegaría hasta el siglo XXI y convertida en uno de los lugares de moda de la ciudad. Pero eso llegaría más adelante.
En 1893, el empresario alemán no pensaba en una Barcelona trendy, donde se instalan mercadillos de ropa de segunda mano y artículos de colección. Apostó por lo que sabía hacer.
Interior de la fábrica Lehmann
Apostó por instalarse en un lugar apartado, en el interior de una manzana. Allí levantó su fábrica dedicada a la producción de juguetes y objetos de madera, especialmente piezas torneadas.
El complejo se diseñó siguiendo los criterios de la arquitectura industrial del momento: naves funcionales, ladrillo visto, patios interiores y una organización pensada para el trabajo manual.
La corta vida de la fábrica
Durante décadas, la actividad industrial convivió con la vida cotidiana del barrio, en una Barcelona que aún no había separado claramente los usos residenciales y fabriles.
La vida de la fábrica, sin embargo, fue breve. La planta original dejó de funcionar en 1920, pero el recinto no quedó abandonado. Al contrario.
Reestructuración
El conjunto fue subdividido y alquilado a pequeños talleres artesanales e industriales, como imprentas, carpinterías, almacenes o talleres mecánicos.
Este uso continuado, aunque fragmentado, fue clave para su conservación, ya que evitó el abandono y la demolición que sufrieron muchas otras fábricas urbanas.
En pleno siglo XXI, la Fábrica Lehmann sigue viva, aunque transformada. No hubo grandes reformas ni derribos. La estructura original se mantuvo casi intacta, pero oculta a la vista de todos.
Desde la calle, el edificio apenas se intuye. Queda oculto tras un bloque de viviendas. Oculto, pero no muerto.
La Barcelona del diseño puede haber gentrificado barrios, pero en ocasiones ha sabido sacar partido de sus espacios emblemáticos. La antigua Fábrica Lehmann es uno de los mejores ejemplos.
En el edificio se mantienen los patios interiores, las naves originales y los muros de ladrillo; solo el ruido y su función industrial han quedado atrás. O, tal vez, solo se han adaptado a los nuevos tiempos.
Mercado en la fábrica Lehmann
Hoy, la Fábrica Lehmann ya no produce juguetes. Se ha convertido en un espacio de creación, diseño y actividades culturales. Sigue siendo un lugar de trabajo real, con actividad diaria, que en momentos puntuales abre sus puertas al público con exposiciones, talleres o jornadas culturales.
El edificio alberga estudios de artistas, diseñadores, arquitectos, artesanos, editoriales independientes y pequeños proyectos creativos. Y los fines de semana o festivos también se celebran exposiciones, talleres y eventos puntuales abiertos al público.
Patrimonio de Barcelona
Ese equilibrio entre uso profesional y apertura ocasional ha contribuido a que, a pesar de pasar desapercibida, la antigua Fábrica Lehmann conserve su relevancia histórica y patrimonial.
Por este motivo, el conjunto está incluido en el catálogo de patrimonio municipal, lo que limita las intervenciones y garantiza su preservación. Sea por ello o porque su ubicación sigue siendo discreta, continúa siendo un ejemplo de tradición y conservación. Un rincón oculto que sigue funcionando más de un siglo después.
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