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No hace tanto tiempo que las UCI neonatales eran espacios donde el acceso de las familias estaba muy limitado. Hoy, el paradigma ha cambiado. La presencia de los padres no se entiende como una visita, sino como una parte más del tratamiento. Un cambio de mirada que sitúa el vínculo familiar al mismo nivel que otros cuidados esenciales.

La unidad, acreditada con el nivel III C, el máximo nivel asistencial en neonatología, atiende a recién nacidos que necesitan cuidados intensivos y una atención altamente especializada. Pero, además de la tecnología y de la experiencia clínica, apuesta por un modelo centrado en el neurodesarrollo, convencido de que el entorno en el que crece un bebé desde sus primeras horas también influye en su evolución.

Mucho más que acompañar

La familia no está para mirar desde fuera. Está para cuidar junto al equipo sanitario”, resume la doctora Laia Vega, coordinadora de la UCI neonatal del Hospital Universitari Dexeus, perteneciente al Grupo Quirónsalud. “La voz de los padres, su olor, el contacto con la piel o simplemente su presencia ayudan al recién nacido a regular funciones tan importantes como la respiración, la frecuencia cardiaca o el descanso”, añade.

La especialista insiste en que esos pequeños gestos tienen un efecto muy real. “El cerebro de un recién nacido, especialmente si ha nacido de forma prematura o presenta alguna complicación, es muy sensible a todo lo que ocurre a su alrededor. Un entorno tranquilo y el contacto continuado con su familia favorecen su desarrollo y reducen el estrés que supone un ingreso hospitalario”. Además, la participación activa de las familias contribuye a disminuir la ansiedad parental y favorece la creación del vínculo afectivo durante una etapa especialmente vulnerable. Sabemos, por la experiencia y por la evidencia científica, que la presencia de los progenitores y su participación en los cuidados pueden tener un impacto positivo real en la evolución clínica del recién nacido, siempre adaptándonos a las necesidades de cada caso”.

Dentro de este enfoque, el contacto piel con piel y el método canguro forman parte de la rutina asistencial. “Siempre que la situación clínica del recién nacido lo permite y bajo supervisión del equipo asistencial intentamos iniciarlo lo antes posible. Vemos cómo los bebés descansan mejor, se muestran más estables y toleran mejor los cuidados. Son pequeños avances que, sumados día tras día, acaban marcando la diferencia”, explica la doctora Vega.

Espacios que también cuidan

El diseño de la unidad acompaña esta filosofía. La UCI neonatal dispone de cuatro boxes individuales donde los padres pueden permanecer junto a su bebé durante el ingreso. Son espacios pensados para reducir el ruido, controlar la iluminación y ofrecer mayor intimidad, factores que ayudan a disminuir la sobreestimulación y favorecen un ambiente más calmado. “La arquitectura de la unidad facilita este modelo asistencial, aunque es el trabajo coordinado de los profesionales y las familias lo que permite desarrollar plenamente los cuidados centrados en el neurodesarrollo”.

La implicación de la familia también repercute en el día después. A medida que participan en los cuidados cotidianos, los padres aprenden a interpretar las señales de su hijo, ganan confianza y afrontan con más seguridad el momento del alta. “Nuestro objetivo es que, cuando llegue ese día, no se sientan espectadores de lo que ha ocurrido, sino protagonistas de todo el proceso”, señala la coordinadora de la UCI neonatal del Hospital Universitari Dexeus.

Un modelo con beneficios para todos

Esta forma de trabajar sigue la filosofía internacional Family Integrated Care (FiCare), un modelo que promueve la participación activa de las familias en el cuidado de los recién nacidos ingresados, siempre con el acompañamiento del equipo sanitario. No se trata únicamente de permitir su presencia en la unidad, sino de implicarlas en los cuidados como parte activa del equipo asistencial.

“Cuando la familia participa en los cuidados, el recién nacido gana en estabilidad y el ingreso se vive de una manera muy distinta. Las familias se sienten escuchadas, acompañadas y más preparadas para cuidar de su bebé. Esa confianza también forma parte de la recuperación”, concluye la doctora Laia Vega.



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