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La menopausia es una reacción hormonal que transforma el cuerpo de la mujer. También cambia, y mucho, la salud cardiovascular. El problema es que ese riesgo suele avanzar de forma silenciosa, mientras la atención continúa centrándose casi exclusivamente en los sofocos o el insomnio. De ahí la importancia de actuar a tiempo y convertir esta etapa en una oportunidad real de prevención.

Durante años, la conversación sobre la menopausia se ha quedado en la superficie. Sofocos, cambios de humor, problemas para dormir o aumento de peso son los síntomas que más preocupan y de los que más se habla. Sin embargo, detrás de todos esos cambios visibles ocurre algo mucho más importante a largo plazo: el aumento del riesgo cardiovascular.

Una etapa todavía infravalorada

“La conversación social sobre la menopausia suele centrarse en los síntomas inmediatos, pero existe una dimensión menos visible y mucho más determinante para la salud futura: el impacto cardiovascular”, explica la doctora Laura Galian Gay, jefa de servicio del Institut del Cor del Hospital Quirónsalud Barcelona. Y es que, aunque muchas mujeres no lo sepan, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte femenina en todo el mundo.

La especialista insiste en que todavía falta mucha conciencia social sobre este tema. “A menudo seguimos viendo la menopausia como un proceso exclusivamente hormonal o ginecológico, cuando en realidad supone un punto de inflexión metabólico y vascular y cardiovascular muy importante, con implicaciones directas sobre la salud futura de la mujer”, señala. Según explica, el problema es que esos cambios no suelen dar síntomas claros al principio: “El riesgo cardiovascular avanza lentamente, sin hacer ruido, y por eso suele detectarse tarde”.

Laura Galian Gay, jefa de servicio del Institut del Cor del Hospital Quirónsalud Barcelona CEDIDA

Mucho más que un cambio hormonal

La menopausia marca el descenso progresivo de los estrógenos, unas hormonas que hasta ese momento ejercían un efecto protector sobre el sistema cardiovascular. Ayudan a mantener la elasticidad arterial, regulan parte del metabolismo de las grasas y contribuyen a controlar procesos inflamatorios relacionados con la salud vascular. Además, favorecen un perfil metabólico más saludable y participan en mecanismos que protegen frente al desarrollo de aterosclerosis.

Cuando esa protección desaparece, empiezan a producirse cambios que alteran el equilibrio del organismo. Se observa un empeoramiento progresivo del perfil cardiometabólico: aumenta el colesterol LDL, conocido como colesterol ‘malo’, disminuye el HDL, la tensión arterial tiende a subir y la grasa corporal cambia de distribución, acumulándose con más facilidad en la zona abdominal. Este aumento de la grasa visceral se asocia a una mayor resistencia a la insulina y a un incremento del riesgo cardiovascular.

Muchas mujeres no relacionan estos cambios con la menopausia porque aparecen poco a poco. “La mayoría llega a consulta preocupada por los sofocos o el insomnio, porque son síntomas inmediatos y afectan a la calidad de vida. Pero el riesgo cardiovascular es silencioso: no duele, no se nota y tarda años en manifestarse”, afirma la doctora Lildania Marín, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital El Pilar, del Grupo Quirónsalud.

Y ahí está precisamente el problema. “Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en las mujeres, pero todavía cuesta asociar menopausia y corazón”, añade la ginecóloga. “Hasta la menopausia, los estrógenos actúan como una especie de escudo protector para las arterias. Cuando ese escudo desaparece, el riesgo empieza a crecer de forma progresiva”, advierte.

Lildania Marín, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital El Pilar CEDIDA

El corazón también envejece con la menopausia

Antes de la menopausia, las mujeres suelen presentar menos enfermedad coronaria que los hombres de la misma edad. Sin embargo, esa diferencia empieza a reducirse claramente después de la transición menopáusica.

“Durante esta etapa se aceleran una serie de cambios metabólicos y vasculares que favorecen el desarrollo de hipertensión, diabetes o enfermedad coronaria -explica la doctora Galian Gay-. No ocurre de golpe, pero sí de manera constante. Es una evolución progresiva que muchas veces empieza años antes de que aparezca el primer síntoma cardiovascular. De hecho, procesos como la aterosclerosis pueden desarrollarse durante décadas antes de manifestarse clínicamente”, concreta.

Además, hay situaciones especialmente delicadas, como la menopausia precoz o prematura. Cuando la pérdida de función ovárica ocurre antes de los 40 años, el impacto cardiovascular puede ser todavía mayor.

“Si una menopausia natural ya aumenta el riesgo cardiovascular, que aparezca diez o quince años antes implica pasar mucho más tiempo sin la protección hormonal de los estrógenos”, indica la doctora Marín. “Los estudios muestran que estas mujeres tienen más probabilidades de desarrollar enfermedad coronaria, diabetes o hipertensión de forma temprana”.

Por eso, insiste en que el seguimiento debe ser más estrecho y personalizado: “En estos casos no hablamos solo de aliviar síntomas. También estamos intentando proteger la salud futura de la paciente”.

Revisión ginecológica completa

Las especialistas coinciden en que las consultas durante la menopausia deberían ir mucho más allá del control hormonal. La revisión de esta etapa también tiene que incluir la salud cardiovascular.

“Hoy sabemos que controlar la tensión arterial, el colesterol, la glucosa o el perímetro abdominal es tan importante como abordar los sofocos o la salud ósea”, señala Galian Gay. “La menopausia representa una oportunidad excelente para detectar factores de riesgo y actuar antes de que aparezca la enfermedad”, avisa.

La doctora Marín explica que cada vez son más frecuentes las revisiones que incluyen perfil lipídico, control metabólico y valoración del riesgo cardiovascular global. “La mujer muchas veces se sorprende cuando hablamos del corazón en consulta ginecológica, pero forma parte del mismo proceso”, comenta.

Porque la menopausia afecta prácticamente a todo el organismo. “No es solo un asunto hormonal”, añade la especialista. “Tiene impacto sobre el metabolismo, los huesos, el descanso, el estado de ánimo y, por supuesto, sobre el sistema cardiovascular”.

La importancia de los hábitos diarios

En esta etapa, pequeños cambios pueden tener un efecto enorme a largo plazo. Las dos doctoras insisten en que el estilo de vida sigue siendo la herramienta preventiva más potente.

La dieta mediterránea, el ejercicio físico regular y el abandono del tabaco son pilares básicos. Pero no se trata solo de hacer cardio o perder peso. “Necesitamos preservar masa muscular, controlar la grasa abdominal y mejorar la salud metabólica”, explica Marín. Por eso recomienda combinar actividad aeróbica con ejercicios de fuerza, aunque sean suaves.

El sueño y el estrés también juegan un papel importante. “Dormir mal durante años tiene consecuencias metabólicas y cardiovasculares reales”, recuerda Galian Gay. “Y muchas mujeres atraviesan esta etapa con niveles muy altos de estrés físico y emocional”.

Las especialistas coinciden en que el objetivo no es generar miedo, sino información. “La menopausia no debe vivirse como una enfermedad”, aclara Galian Gay. “Pero sí como una etapa en la que conviene prestar más atención que nunca a la salud cardiovascular”.

La terapia hormonal

Uno de los asuntos que más dudas sigue generando es la terapia hormonal sustitutiva. Durante años se instaló la idea de que podía ser peligrosa para el corazón, pero hoy el enfoque es mucho más individualizado.

“Lo que sabemos actualmente es que el momento en el que se inicia el tratamiento cambia completamente el escenario”, explica Marín. “Cuando se administra en mujeres menores de 60 años y en los primeros años tras la menopausia, puede aportar beneficios cardiovasculares en determinadas pacientes”.

Eso sí, insiste en que no existe una solución universal. “No todas las mujeres necesitan terapia hormonal y no todas son candidatas. Lo importante es valorar cada caso de forma individual, teniendo en cuenta antecedentes y factores de riesgo”.

En cualquier caso, las especialistas creen que el mensaje ha cambiado mucho en los últimos años. “No debemos demonizar el tratamiento hormonal ni tampoco banalizarlo”, resume la ginecóloga. “La clave está en seleccionar bien a la paciente y hacer un seguimiento adecuado”.

Una atención coordinada

La menopausia ya no se entiende como un tema exclusivamente ginecológico. Cada vez más hospitales y especialistas trabajan desde un enfoque multidisciplinar en el que participan cardiología, endocrinología, salud mental y atención primaria.

“Nadie puede abordar sola una etapa tan compleja”, afirma Marín. “La ginecóloga suele ser el primer punto de contacto, pero muchas veces necesitamos apoyarnos en otros especialistas para cuidar a la mujer de forma global”.

Para la doctora Galian Gay, el cambio de mentalidad pasa precisamente por ahí. “Tenemos que dejar de pensar solo en síntomas inmediatos y empezar a trabajar en prevención a largo plazo”, concluye. “Porque proteger el corazón durante la menopausia significa también proteger la calidad de vida y la salud futura de millones de mujeres. La prevención cardiovascular en esta etapa representa una oportunidad única para favorecer un envejecimiento saludable y reducir la carga de enfermedad en las décadas posteriores”.

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