La alimentación puede llegar a ser tan importante como el propio tratamiento

La alimentación puede llegar a ser tan importante como el propio tratamiento EUROPA PRESS

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La importancia de la alimentación en el hospital: cuando comer bien también cura

La alimentación se ha convertido en un aliado terapéutico clave que influye directamente en la recuperación, el bienestar y la experiencia del paciente

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La alimentación hospitalaria ha experimentado en los últimos años una transformación profunda. Lejos de ser un aspecto secundario, hoy se reconoce como un elemento esencial dentro del proceso asistencial. Comer bien en el hospital no solo aporta energía: contribuye a la recuperación, mejora la respuesta al tratamiento y tiene un impacto directo en el estado físico y emocional del paciente.

La nutrición se ha consolidado como parte del cuidado integral. Su objetivo va más allá de ofrecer menús equilibrados: busca promover un consumo consciente, saludable y sostenible que perdure incluso tras el alta hospitalaria.

Herramienta terapéutica

Durante el ingreso hospitalario, la dieta deja de ser un hábito para convertirse en parte del tratamiento. Desde el primer momento, el paciente recibe información detallada sobre su alimentación, que está diseñada en función de su estado de salud, patología y evolución clínica.

“La alimentación puede ayudar o entorpecer el proceso de curación”, asegura la doctora Gemma Sesmilo, endocrinóloga del Hospital Universitari Dexeus, perteneciente al Grupo Quirónsalud, que precisamente en 2024 puso en marcha en todos sus centros un Programa de Alimentación Saludable con el objetivo de promover un consumo de alimentos saludable consciente y sostenible, para que los pacientes se alimenten mejor, tanto dentro como fuera del hospital, y mantengan una dieta saludable en su vida cotidiana. Según explica esta especialista, una dieta adecuada favorece la reparación de tejidos, fortalece el sistema inmunitario y mejora la respuesta a tratamientos. En patologías como la diabetes, su papel es aún más crítico.

Gemma Sesmilo, endocrinóloga del Hospital Universitari Dexeus

Gemma Sesmilo, endocrinóloga del Hospital Universitari Dexeus CEDIDA

En esta misma línea, Judit Carrasquilla, enfermera del Hospital Universitari Sagrat Cor, centro que, al igual que el resto de los hospitales del grupo, ha implementado el Programa de Alimentación Saludable con un alto grado de satisfacción por parte de los pacientes, añade: “La dieta no es ‘comer por comer’, sino que es una herramienta terapéutica que ayuda al cuerpo a recuperarse. Intentamos transmitir al paciente que lo que come influye directamente en su evolución”, concreta la especialista.

Judit Carrasquilla, enfermera del Hospital Universitari Sagrat Cor

Judit Carrasquilla, enfermera del Hospital Universitari Sagrat Cor CEDIDA

Desde el ámbito nutricional, esta planificación responde a criterios muy definidos. “Para la planificación de los menús hospitalarios nos basamos en diferentes guías nutricionales para poder ajustar el menú de la mejor forma posible”, explica Laura Alsina, nutricionista del mismo centro. “Seguimos las recomendaciones de la AESAN para establecer las raciones de los principales grupos de alimentos y el Manual de Dietas Hospitalario para unificar criterios y adaptar las dietas terapéuticas”.

Esta visión es compartida por todo el equipo asistencial, que acompaña al paciente durante su estancia y resuelve dudas frecuentes sobre restricciones, cantidades o posibilidades de adaptación.

El acompañamiento continuo

El papel de la enfermería es especialmente relevante, ya que actúa como nexo entre el paciente y el resto del equipo. Su contacto directo permite detectar necesidades, ajustar la dieta y mejorar la experiencia alimentaria.

“No solo servimos la comida”, aclara la enfermera del Sagrat Cor. “Observamos cómo la tolera el paciente, si tiene dificultades para comer o falta de apetito, y actuamos en consecuencia. Es un seguimiento continuo”, relata.

Además, este seguimiento se complementa con la coordinación entre profesionales. “La nutrición hospitalaria es 100% trabajo en equipo”, subraya Laura Alsina. “Nos coordinamos con médicos para ajustar dietas según la evolución clínica, con enfermería para monitorizar la ingesta y con cocina para garantizar que lo prescrito se traduzca correctamente en el plato”.

El acompañamiento también tiene un componente emocional importante. En un entorno donde el paciente puede sentirse vulnerable, la atención cercana contribuye a generar confianza y mejorar la adherencia a la dieta.

La experiencia del paciente

Uno de los grandes avances del programa ha sido mejorar la percepción de la comida hospitalaria. La calidad, el sabor y la presentación influyen directamente en la motivación del paciente para alimentarse correctamente.

“En pacientes con poco apetito, una comida poco atractiva puede hacer que no coman nada”, señala Judit Carrasquilla. “Hemos notado una gran mejora, especialmente en dietas trituradas, donde la presentación ahora es mucho más cuidada”, asegura.

En este sentido, uno de los retos clave es adaptar la alimentación a perfiles muy diversos. “El principal desafío es la heterogeneidad: en un mismo servicio puedes tener un paciente desnutrido, otro diabético y otro con dieta triturada”, explica Alsina. “La solución es combinar protocolos claros con capacidad de adaptación individual, garantizando siempre seguridad y que la comida sea apetecible”.

Laura Alsina, nutricionista del Hospital Universitari Sagrat Cor

Laura Alsina, nutricionista del Hospital Universitari Sagrat Cor CEDIDA

Los datos avalan este cambio: el 93% de los pacientes de los hospitales de Quirónsalud considera adecuada la cantidad de comida, y aspectos como la temperatura, la textura o la variedad reciben valoraciones muy positivas. Incluso un 60% asegura que se llevaría estos menús a casa.

“La dieta no es solo comida. Es parte del tratamiento, influye en la recuperación y también en cómo se siente el paciente. Y eso, en un hospital, lo es todo”, afirma Judit Carrasquilla.

Impacto clínico: la visión médica

Desde el punto de vista clínico, la alimentación tiene un impacto directo en la evolución del paciente.

“Una alimentación ajustada es clave para evitar hiperglucemias y mejorar el control metabólico”, explica la doctora Sesmilo. “En muchos casos, es necesario coordinar la ingesta con el tratamiento farmacológico, especialmente cuando se utiliza insulina”, argumenta.

Alimentación y educación en salud

Más allá del ingreso, la alimentación hospitalaria puede convertirse en una herramienta educativa. La experiencia del paciente con menús saludables puede influir en sus hábitos futuros.

“Es una oportunidad para concienciar”, señala la endocrinóloga. “Pero hay que adaptarse a cada perfil: algunos pacientes ya están muy informados, otros necesitan más acompañamiento”, afirma.

En esta línea, Laura Alsina insiste en la importancia de la educación práctica: “Damos pautas simples, adaptadas a la vida real, con ejemplos concretos de menús. Priorizamos dos o tres cambios sostenibles en lugar de intentar transformarlo todo de golpe, e implicamos a la familia cuando es necesario”.

Un modelo basado en el trabajo en equipo

El éxito del programa radica en la coordinación entre diferentes profesionales: médicos, nutricionistas, enfermería y personal de cocina. Todos trabajan con un objetivo común: garantizar que la alimentación sea coherente con el estado de salud del paciente.

Además, esta coordinación permite evaluar y mejorar continuamente el servicio. “Medimos la eficacia a través de encuestas de satisfacción, donde el paciente valora los menús y nos aporta sugerencias”, explica Alsina. “Incluso después del alta analizamos si incorporaría estos hábitos en su vida diaria”.

Programa pionero de Quirónsalud

En este sentido, el Programa de Alimentación Saludable de Quirónsalud, cercano a cumplir dos años, se ha consolidado como una iniciativa pionera que impulsa un modelo que afecta a todo el circuito alimentario del hospital: desde los menús de los pacientes ingresados hasta cafeterías y máquinas expendedoras. La idea es perfecta: alinear la oferta alimentaria con las necesidades actuales de salud, sostenibilidad y personalización.

La propuesta incorpora criterios como el uso de productos de proximidad, ecológicos y de temporada, así como la reducción del desperdicio alimentario. “Para minimizar el desperdicio, diseñamos las dietas terapéuticas a partir del menú basal siempre que es posible y ofrecemos distintos tamaños de ración para que el paciente elija según su apetito”, explica Alsina.

En el plano nutricional, también se han introducido mejoras relevantes: “Hemos reforzado ingestas como el desayuno con opciones más completas, como pan integral, aceite de oliva virgen extra y proteínas de calidad. También incorporamos más cereales integrales y aumentamos la presencia de proteína vegetal”, detalla Laura Alsina. “Además, aplicamos el modelo del Plato Harvard en las cenas para asegurar un buen equilibrio nutricional”, añade.

La colaboración con el chef Iván Cerdeño ha aportado un valor diferencial al programa. Su experiencia ha permitido elevar la calidad gastronómica de los menús sin perder de vista los criterios nutricionales.

Según aseguran desde Quirónsalud, los pacientes valoran positivamente el sabor y la textura de los alimentos, así como la variedad, la cantidad y la presentación de los menús. Asimismo, también destacan que los desayunos sean más elaborados y completos, y que la temperatura de la comida es la apropiada.