En el corazón de la capital existen rincones gastronómicos donde el paso del tiempo parece detenerse mientras se escribe, en voz baja y entre platos humeantes, la historia de todo un país.
Justo detrás del Congreso de los Diputados y situado frente al emblemático Teatro de la Zarzuela, el mítico local de la calle Jovellanos lleva casi un siglo funcionando como un vestíbulo no oficial de las Cortes Españolas.
Para representantes políticos habituales como Gabriel Rufián, este establecimiento castizo representa ese refugio cercano e imprescindible para reponer fuerzas e intercambiar impresiones tras los acalorados debates del hemiciclo.
Entre sus paredes llenas de solera, parlamentarios de todas las ideologías coinciden a diario en la barra buscando un respiro de la actualidad nacional, reconociendo sin embargo la enorme fama popular de las que sirven en el local.
Un testigo de la historia
Fundado hace más de nueve décadas por la familia de Alfredo, el nieto que actualmente sostiene las riendas del negocio, el negocio conserva viva una memoria colectiva envuelta en anécdotas inolvidables.
Su clásica bodega subterránea sirvió como cobijo provisional contra los bombardeos durante los años de la Guerra Civil y, décadas más tarde, sus reservados privados acogieron parte de las intensas negociaciones en las que se redactó el borrador de la Constitución de 1978.
Incluso durante sucesos tan decisivos para la democracia como el 23F, la taberna se mantuvo en pie ofreciendo su único teléfono público de fichas como enlace clave entre los diputados y el exterior.
En sus mesas se han urdido candidaturas presidenciales transcendentales de figuras como José Luis Rodríguez Zapatero y se han gestado giros parlamentarios fundamentales, siempre bajo la estricta discreción de unos taberneros curtidos en escuchar conversaciones reservadas sin revelar jamás los secretos de sus clientes.
De los azulejos a los chipirones
Entrar en este espacio gastronómico centenario es realizar un viaje directo al Madrid de antaño gracias a detalles singulares que cautivan a cualquier visitante desde el primer instante.
Su friso decorativo principal fue instalado por los propios obreros del antiguo metropolitano utilizando los mismos azulejos blancos que tapizaban las primeras estaciones subterráneas de la capital, mientras que una centenaria caja registradora procedente de una barbería preside con orgullo el mostrador.
En el apartado puramente culinario, la casa destaca por una propuesta tradicional de excelente nivel adaptada a presupuestos variados entre los 10 y los 40 euros por persona.
Aunque expresidentes como Mariano Rajoy mostraban predilección por los sabrosos chipirones en su tinta, las verdaderas estrellas de la cocina son sus afamadas croquetas de jamón ibérico, acompañadas por raciones de callos a la madrileña, empanadillas crujientes, tortilla de patatas o sus clásicos churros artesanos.
Un punto de encuentro en la capital
Visitar la emblemática taberna de la calle Jovellanos constituye una experiencia cultural que va mucho más allá del mero disfrute de una buena comida tradicional.
Descubrir sus rincones e impregnarse de su solera es la excusa perfecta para respirar el ambiente vivo de la política madrileña en un entorno auténtico, cercano, acogedor y cargado de memoria viva.
