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Para quienes aún no se hayan cruzado con sus vídeos, Alfonsa es esa entrañable abuela que se ha ganado el corazón de internet desde su canal Cocina con la abuela.

Una ventana cercana desde la que comparte los guisos y guarniciones de toda la vida, que aprendió a preparar siendo apenas una niña cuando le tocó arrimar el hombro en casa.

Sin platós elaborados, Alfonsa explica con total naturalidad los trucos atesorados tras décadas frente a los fogones para preparar unas croquetas inolvidables.

Caramelizar la cebolla

El primer paso fundamental de la receta empieza con una cebolla minuciosamente picada.

La cocinera insiste en que "tiene que ser bien rallada, para luego no encontrarse los trozos". Pero el gran secreto viene justo al ponerla en la sartén: la cocina inicialmente sin una sola gota de aceite.

"Primero las freiremos sin aceite para que la cebolla suelte todo el agua y después se nos ponga la cebolla caramelizada, ya veréis", explica Alfonsa.

Una vez que el líquido vegetal se ha consumido por completo, es el momento de añadir el aceite de oliva para que se dore ligeramente.

Acto seguido, incorpora la harina tostándola con paciencia "para que luego no sepa a cruda".

La bechamel con el pollo

A diferencia de las técnicas de alta cocina donde la bechamel se elabora aparte, la abuela reivindica un método práctico para ahorrar tiempo sin perder cremosidad.

"Veis qué truco más guapo para ahorrar tiempo, hacerlo todo junto", comenta con orgullo tras añadir el pollo asado bien desmigado y una pizca de nuez moscada, a la que considera "un detalle primordial" en la esencia de las croquetas.

A la hora de añadir leche, la paciencia es la clave absoluta para controlar la textura de la masa. "Hay que ir echando la leche poco a poco, no toda de golpe, porque si no, salen muy blandas y eso es una faena", advierte la cocinera.

La mezcla estará lista cuando quede suelta y elástica en la sartén: "La masa tiene que quedar preciosa, que ni se pega ni nada".

El empanado sin harina

Una vez que la masa se ha enfriado, la abuela revela uno de sus trucos más peculiares de conservación antes de dar forma a las croquetas.

En lugar de cubrir la fuente con film transparente pegado a la superficie, prefiere guardarla en la nevera tapada con un trapo de tela limpio "en vez de un papel celofán ni un plástico ni nada, para que quede húmedo y no te reseque".

Para el rebozado final, prescinde por completo de la harina previa y utiliza únicamente dos capas.

Pasa las porciones primero por huevo batido dejándolas reposar un minuto para "que se impregnen bien de él", y luego las envuelve en abundante pan rallado: "Hay que envolverla bien en el pan y apretarle así con cuidadito para que salgan bien redonditas y bien majas", subraya.

Además, aconseja renovar el pan rallado a medida que se humedece para asegurar que la costra exterior quede bien crujiente.

Abundante aceite

El remate final exige abundante aceite bien caliente para que cubra la pieza por completo durante el dorado, "Comenzamos a freír la croqueta con cuidado de no apretarla, porque se nos espachurran", puntualiza Alfonsa sobre el delicado momento de sumergirlas en la sartén.

Al sacarlas bien doraditas, la cocinera resalta "Mira qué bonitas han salido, me encanta cuando veo una cosa que está bonita porque la vista hace mucho en la mesa y en los platos", concluye satisfecha.

Versatilidad en tu mesa

Guardar los trucos de la cocina tradicional (como caramelizar la cebolla en seco o controlar la humedad del reposo con tela) garantiza croquetas impecables con cualquier ingrediente de aprovechamiento que tengas en casa, desde jamón serrano hasta bacalao o cocido.

Anímate a prepararlas este fin de semana y comprueba por qué la cocina de siempre sigue siendo imbatible.

Ingredientes

  • 250g de pollo asado o cocido desmenuzado
  • 100 g de cebolla
  • 80 g de harina de trigo
  • 750 ml de leche entera
  • Una pizca de nuez moscada
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 2-3 huevos para rebozar
  • Pan rallado

Paso 1

Ralla la cebolla muy fina. Ponla en la sartén a fuego medio sin aceite para que pierda toda su agua natural. Cuando esté seca, añade un chorro de aceite de oliva y deja que se dore y caramelice.

Paso 2

Añade la harina sobre la cebolla y remueve durante dos minutos para que tueste y pierda el sabor a crudo. Agrega el pollo desmigado, una pizca de sal y una generosa ralladura de nuez moscada.

Paso 3

Vierte la leche poco a poco sin dejar de remover a fuego medio. Deja que la masa vaya absorbiendo el líquido paulatinamente hasta obtener una mezcla cremosa que se despegue por completo de las paredes de la sartén.

Paso 4

Pasa la masa a una fuente, déjala atemperar y cúbrela con un trapo de cocina limpio en lugar de papel film para mantener la humedad natural. Mantén en la nevera hasta que esté bien fría y firme.

Paso 5

Bolea las croquetas con la mano o dos cucharas. Pásalas por huevo batido dejándolas impregnar un minuto y envuélvelas en pan rallado apretando suavemente para darles forma. Cambia el pan si se humedece demasiado.

Paso 6

Fríe las croquetas en abundante aceite de oliva caliente asegurando que queden cubiertas. Retira cuando estén bien doradas y escúrrelas sobre papel absorbente antes de servir.

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