Huevo frito

Huevo frito CG

Gastronomía

Un experto cocinero, sobre cómo cocinar este clásico: "El mejor huevo frito es crujiente por fuera, con la yema derretida y con la puntillita dorada"

El chef explica cómo lograr una clara crujiente, una yema jugosa y las características puntillitas con una preparación sencilla

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Pocos platos necesitan tan pocos ingredientes y, al mismo tiempo, provocan tantos debates como un buen huevo frito. Basta con huevo, aceite y sal, pero conseguir una clara bien hecha, puntillitas crujientes y una yema lista para mojar pan tiene más técnica de la que parece.

El huevo, además, mantiene un lugar destacado en la alimentación española. Los últimos datos del Ministerio de Agricultura muestran que su consumo continúa creciendo en los hogares, después de aumentar un 2,9% en 2024. El organismo dispone ya del Informe Anual del Consumo Alimentario correspondiente a 2025.

Mucho más que la yema

Desde el punto de vista nutricional, el huevo aporta proteínas de alto valor biológico, además de vitaminas y minerales. La Fundación Española del Corazón destaca su contenido en vitaminas A, D y del grupo B, entre ellas la B12, así como fósforo, yodo y selenio.

La misma institución señala actualmente como referencia general entre dos y tres huevos a la semana, aunque precisa que la cantidad puede variar dependiendo del resto de la dieta, la actividad física y las necesidades individuales. También recuerda que el colesterol alimentario tiene un efecto limitado sobre el colesterol sanguíneo en la mayoría de las personas.

El secreto de Dani García

Una de las formas más populares de prepararlo sigue siendo frito. Dani García ha mostrado en sus redes sociales su método para conseguir el que considera el huevo frito perfecto: una elaboración con la clara alrededor de la yema y unas puntillitas bien marcadas.

El primer requisito del cocinero es utilizar huevos lo más frescos posible. De esta forma, la clara mantiene mejor su estructura alrededor de la yema durante la fritura y permite conseguir ese aspecto compacto que busca antes de introducirlo en el aceite.

Aceite abundante y temperatura estable

La segunda clave está en la sartén. García recomienda freír el huevo en abundante aceite, preferiblemente de oliva, aunque explica que también puede utilizarse aceite de girasol. No se trata únicamente de utilizar bastante cantidad, sino de controlar correctamente el calor.

El cocinero sitúa la temperatura alrededor de los 180 grados y, sobre todo, insiste en mantenerla estable. El contacto con el aceite caliente permite que los bordes de la clara se frían rápidamente y aparezcan esas puntillitas doradas que contrastan con una yema mucho más cremosa.

El último toque

Una vez fuera de la sartén, García termina la preparación con escamas de sal, en lugar de recurrir únicamente a la sal fina convencional. Es un gesto pequeño, pero aporta textura y completa un plato cuya dificultad está precisamente en controlar unos pocos elementos.

Conviene recordar, no obstante, que una yema poco cuajada implica un mayor riesgo microbiológico que un huevo completamente cocinado. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición señala que alcanzar unos 70 grados en el centro del alimento durante al menos dos minutos permite destruir microorganismos, y recomienda extremar las precauciones con preparaciones que contienen huevo poco cocinado o crudo.

Sencillo, pero no tanto

La recomendación resulta especialmente importante para personas vulnerables, mientras que en casa también conviene rechazar huevos rotos, mantener una higiene adecuada y conservar correctamente las preparaciones con huevo. AESAN recuerda además que no es aconsejable lavar la cáscara antes de almacenarla.

Así, el huevo frito demuestra que las recetas más sencillas también dependen de los detalles. Producto fresco, aceite abundante, temperatura constante y el punto justo de sal son las claves de Dani García para convertir tres ingredientes cotidianos en uno de esos platos capaces de reclamar, inevitablemente, un buen trozo de pan.