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Existen ingredientes capaces de trasladarnos directamente a otras latitudes con solo un bocado como es el caso de los tostones o patacones.

Unas rodajas de plátano frito sumamente populares en los países latinoamericanos y la región del Caribe, son el mejor ejemplo de cómo un alimento sencillo puede convertirse en un tentempié irresistible.

Aunque no sea la opción más ligera del recetario, esta elaboración se posiciona como una propuesta deliciosa para compartir en cualquier mesa.

Un tesoro nutricional e histórico

Conocido como plátano hartón en Colombia o simplemente plátano en Venezuela, el plátano macho destaca por su alto contenido en almidón, fibra, potasio y vitaminas A, B y C.

Lo bueno es que, tanto si lo usas verde para darle ese toque crujiente como cuando está maduro y más dulce, aporta un montón de nutrientes y energía para el día a día.

Su presencia en nuestra cultura gastronómica viene de lejos. El plátano macho llegó al español tras la conquista de América en los siglos XVI y XVII, después de ser introducido desde Asia y cultivarse con gran éxito en las zonas tropicales americanas y en las Islas Canarias.

El secreto de un pelado limpio

Trabajar esta variedad requiere un método específico para no dañar la fruta antes de llevarla a la sartén.

La forma más sencilla consiste en cortar ambos extremos de la pieza para asentarla sobre la tabla de cortar.

A continuación, basta con realizar cuatro cortes longitudinales a lo largo de la piel, del mismo modo que al pelar una naranja. Despegar la cáscara poco a poco con los dedos evitará que se arranque la pulpa, dejándola lista para trocearla en cilindros gruesos.

La técnica de la doble cocción

El gran misterio para conseguir una textura perfecta está en dorar los trozos en aceite de maíz o de sabor suave en dos tiempos distintos.

Tras una primera fritura ligera, los trozos de plátano se retiran a un papel absorbente para retirar la grasa sobrante.

Llega entonces el momento de aplastarlos uno a uno sobre un paño húmedo o una tostonera de madera usando un rodillo, un mazo o la mano.

Tras devolverlos al aceite bien caliente para que queden dorados, salar el resultado te permitirá disfrutar de la mejor guarnición del otoño en su punto justo de crocante.

El placer de un bocado crujiente

Animarte a preparar esta receta tradicional en casa es una forma estupenda de salir de la rutina y sorprender a tus invitados con un picoteo lleno de historia.

Conseguir la mejor guarnición del otoño es tan fácil como dominar la doble fritura para disfrutar de un aperitivo sabroso y verdaderamente crujiente.

Ingredientes

  • 2 plátanos machos verdes (o pintones)
  • 200 ml de aceite de girasol
  • Sal al gusto

Paso 1

Corta los extremos del plátano, haz cuatro cortes a lo largo de la piel, retírala con cuidado y corta la pulpa en rodajas gruesas.

Paso 2

Calienta el aceite de maíz en una sartén y fríe los trozos a fuego medio hasta que comiencen a tomar color sin dorarse del todo.

Paso 3

Retira los trozos sobre papel absorbente, colócalos entre papel o un paño húmedo y aplástalos firmemente con un mazo, rodillo o tostonera.

Paso 4

Vuelve a introducir las rodajas aplastadas en el aceite bien caliente hasta que queden completamente doradas y crujientes.

Paso 5

Escurre el exceso de aceite en papel de cocina, espolvorea sal al gusto y sírvelos solos o con tus coberturas preferidas por encima.

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