El mejor postre de otoño: arrope y calabazate

El mejor postre de otoño: arrope y calabazate

Gastronomía

Los cocineros coinciden: "El mejor postre de otoño se hace con 1 kg de higos secos, 500 g de calabaza y 100 g de cal viva"

El secreto de la huerta murciana para preparar un dulce oscuro, meloso y sin azúcar refinada mediante una técnica ancestral de conservación

Otras noticias: Los chefs coinciden: "La cena más ligera para el otoño se consigue con 200 g de castañas, 140 g de patata, 1 puerro y 1 cebolleta"

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Cuando pensamos en los sabores de esta época, a casi todos se nos vienen a la mente las castañas asadas o los boniatos al horno como las grandes estrellas de la temporada.

Sin embargo, la gastronomía murciana guarda entre sus tesoros más antiguos una joya que lo cambia todo a la hora de buscar los mejores postres de otoño: el arrope y calabazate.

Este dulce tradicional, imprescindible en la festividad de Todos los Santos, entra primero por los ojos con su tono oscuro y esa mezcla de ingredientes que a más de uno le hace arquear la ceja al principio.

Y es que utilizar mezclar la hortalizas en un plato dulce no es algo muy habitual en la repostería de hoy en día, pero es justo eso lo que convierte cada cucharada en algo único.

El secreto de la textura

Lo que más suele impactar a quienes descubren la elaboración por primera vez es el uso de la cal viva.

Lejos de ser un capricho, este compuesto cumple un papel fundamental en la cocina antigua, crea una fina película protectora en el exterior de las frutas para que mantengan su forma durante la cocción.

Gracias a este baño preliminar, los trozos de calabaza, boniato y melón consiguen ese contraste tan característico de quedar firmes y crujientes por fuera, pero sumamente tiernos y melosos en su interior.

Dulzor 100 % natural

Otro de los grandes atractivos de este postre es que no necesita ni un solo gramo de azúcar refinado.

Todo el dulzor procede directamente de los higos secos hervidos, cuyos azúcares naturales se concentran al máximo durante un proceso de reducción lento y paciente.

Esta técnica de aprovechamiento, tan típica de las familias de la huerta para conservar los productos de la cosecha, da como resultado un jarabe denso, brillante y repleto de matices que envuelve a los vegetales a la perfección.

Una cocción reposada

Preparar este manjar requiere mimo y tiempo, extendiéndose a lo largo de varias horas entre el tratamiento de la fruta, la extracción del jugo de higo y la cocción final.

Es una de esas recetas de paciencia que recompensan cada minuto invertido.

Una vez reposado y frío, el resultado es un bocado denso y reconfortante que se suele disfrutar en plato hondo, muy a menudo acompañado por una buena rebanada de pan casero.

Un tesoro de la tradición

Animarse a recuperar este clásico es una oportunidad fantástica para viajar en el tiempo a través de los fogones y sorprender a la familia con una elaboración con historia.

Incluir esta joya en tu recetario te permitirá servir los mejores postres de otoño con un sello auténtico e inolvidable.

Ingredientes

  • 200 g de calabaza en dados
  • 500 g de boniato en dados
  • 300 g de melón duro en dados
  • 1 kg de higos secos
  • 100 g de cal viva
  • Agua abundante para la cocción

Paso 1

Disuelve la cal viva en un recipiente de plástico o barro (nunca de metal) con agua fría, sumerge las frutas cortadas durante 3 horas y lávalas después con abundante agua bajo el grifo.

Paso 2

Cuece los higos secos en una olla con agua durante 1 hora hasta que estén blandos y cuela el caldo exprimiéndolos bien con una gasa o malla fina.

Paso 3

Lleva el líquido extraído a fuego lento y déjalo reducir lentamente hasta que adquiera la densidad de un jarabe concentrado.

Paso 4

Añade los dados de fruta lavados al jarabe y cocina todo a fuego suave entre 2 y 3 horas hasta que la salsa quede espesa y brillante.

Paso 5

Deja reposar el postre hasta que se enfríe por completo y sírvelo frío, si lo deseas, acompañado de pan casero.