Ha llegado la temporada de castañas y es el momento perfecto para disfrutar de uno de los frutos más mágicos del otoño.
Muchos las conocemos y las hemos saboreado asadas en la calle, lo más tradicional, en bizcochos e incluso en sopas.
Cabe destacar que la crema fue todo un descubrimiento para mí. Jamás me imaginé que de algo tan simple pudiera salir una textura tan cremosa y apetecible.
Además, más allá de lo bien que funciona en la cocina, la castaña es una auténtica maravilla: nos da esa energía que dura todo el día, nos ayuda a tener una buena digestión gracias a su fibra y viene cargadita de minerales tan necesarios como el potasio y el magnesio.
Aunque a veces dé pereza pelarlas frescas, siempre se puede recurrir a las opciones cocidas y envasadas al vacío para simplificar el proceso sin perder calidad.
El sofrito de base
La preparación arranca picando un puerro bien limpio y una cebolleta pequeña en trozos finos para la cazuela.
Calentar una cucharada de mantequilla o de aceite de oliva permite pocharlos a fuego lento con una pizca de sal.
Dejar que las verduras se vuelvan transparentes sin prisa sienta los cimientos de sabor sobre los que se construirá la sopa. Es importante mantener la temperatura controlada para que el fondo no adquiera tonos tostados en exceso.
La cocción aromática
A continuación se incorporan a la cacerola los gramos de castañas junto con la patata troceada. Salpimentamos ligeramente el conjunto y damos unas vueltas para que los ingredientes se impregnen bien con la grasa del rehogado.
Agregar el vinagre de manzana o Jerez aporta ese punto de acidez clave que contrarresta el dulzor natural de la castaña.
Tras saltear un par de minutos, se añade el tomillo y se cubre todo con el caldo de verduras o agua caliente.
El triturado cremoso
Llevar la mezcla a ebullición y cocinar tapado a fuego suave durante media hora asegura que las hortalizas queden completamente tiernas.
Aconsejamos que remuevas la cazuela de vez en cuando para evitar que el fondo se agarre a la base del recipiente.
Una vez finalizada la cocción, se tritura el contenido minuciosamente hasta obtener un puré homogéneo. Incorporar un chorro de nata líquida al gusto ajusta la consistencia final antes de corregir el punto de sal.
El remate perfecto
Para llevar la presentación a otro nivel, emplata la preparación caliente añadiendo un huevo escalfado de yema melosa en el centro dándole un contraste de textura irresistible.
Un toque de pimentón dulce, un espolvoreado de perejil fresco y un hilo de aceite de oliva virgen extra completan la propuesta.
El reconfortante sabor del otoño
Llevar a la mesa esta propuesta humeante es la mejor forma de reconciliarse con los días más fríos y disfrutar de los frutos de la estación.
Disfrutar de la mejor crema de castañas en la cena te garantizará un plato lleno de matices, energía y esa textura aterciopelada que conquista desde la primera cucharada.
Ingredientes
- 200 g de castañas cocidas o asadas
- 1 cebolleta pequeña
- 1 puerro
- 140 g de patata pelada y troceada
- 15 g de mantequilla o aceite de oliva
- 5 ml de vinagre de manzana o Jerez
- 400 ml de caldo de verduras o agua
- 1 chorro de nata líquida
- 1 huevo por persona (opcional)
- Tomillo
- Sal al gusto
- Pimienta negra molida al gusto
- Pimentón dulce y perejil fresco
Paso 1
Pocha el puerro y la cebolleta picados en una cazuela con la mantequilla hasta que queden transparentes.
Paso 2
Incorpora las castañas, la patata, el vinagre y el tomillo, removiendo todo durante un par de minutos a fuego medio.
Paso 3
Cubre con el caldo vegetal, lleva a ebullición y cocina a fuego lento durante 30 minutos hasta ablandar los ingredientes.
Paso 4
Bate la crema muy bien hasta lograr un acabado fino, añade un chorro de nata líquida y rectifica de sal.
Paso 5
Sirve la crema caliente con un huevo escalfado por ración, una pizca de pimentón, perejil picado y un chorro de aceite de oliva.
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