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La sandía suele plantear el mismo problema en muchas cocinas: se abre, sobra media pieza y acaba en el frigorífico cubierta con plástico. Carme Ruscalleda propone otro método para evitar manipulaciones repetidas y dejar la fruta lista para consumir.

La cocinera explicó en Tot es mou que prefiere retirar toda la corteza, cortar la pulpa en bloques grandes y guardarla en un recipiente cerrado. 3Cat recoge que, para Ruscalleda, esta fórmula resulta además más práctica e higiénica.

Un cambio sencillo

La recomendación no significa que el plástico alimentario sea, por sí mismo, inseguro. El matiz está en cómo se prepara la sandía una vez abierta. La propuesta de Ruscalleda busca reducir pasos cada vez que se quiere servir una porción.

Este sistema también coincide con una pauta general de conservación. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria aconseja proteger los alimentos preparados dentro de recipientes o con envoltorios para evitar contaminaciones cruzadas en el frigorífico.

Antes del cuchillo

Hay otro detalle que Ruscalleda considera esencial: lavar la sandía antes de cortarla. Aunque la corteza no se coma, el cuchillo atraviesa primero esa superficie y después entra en contacto con la pulpa.

La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria respalda ese gesto. Su recomendación, actualizada en julio de 2026, es lavar frutas y verduras con agua potable incluso cuando vayan a pelarse. En piezas de piel dura, como melones o sandías, admite utilizar un cepillo limpio.

El frío importa

Una vez cortada, la fruta debe mantenerse refrigerada. La propia agencia catalana recuerda que, especialmente durante los meses cálidos, la nevera debe estar entre 1 y 4 ºC, una temperatura que ayuda a limitar la proliferación de bacterias.

AESAN establece, además, para el comercio minorista que las frutas cortadas o peladas deben conservarse a 4 ºC o menos. La normativa contempla condiciones concretas para sandías, melones, piñas y papayas partidas por la mitad o en cuartos.

Cómo hacer el corte

El método de Ruscalleda empieza por cortar los dos extremos de la sandía. Así se crea una base plana y la pieza puede mantenerse de pie sobre la tabla, lo que facilita retirar la corteza de arriba abajo.

Después, la pulpa puede dividirse en rodajas gruesas o en bloques grandes. El objetivo es hacer de una vez el trabajo de pelar y porcionar, guardar la fruta protegida y evitar volver a manipular toda la pieza cada vez que se abre la nevera.

Una precaución útil

Canal Salut también recomienda guardar la fruta cortada en la nevera dentro de un recipiente cerrado para consumirla más tarde. Es una pauta sencilla que encaja con el método planteado por la chef y con las recomendaciones generales de higiene doméstica.

La clave, por tanto, no está en un único truco. Lavar, cortar con una base estable, proteger la pulpa y mantener el frío forman parte del mismo proceso. Unos pasos sencillos que ayudan a tener la sandía preparada, reducir manipulaciones y conservarla correctamente hasta el momento de servirla.

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