El calabacín puede resolver una cena con pocos ingredientes, pero tiene una particularidad que condiciona casi cualquier receta: su elevado contenido en agua. Si la cocción se alarga demasiado, puede perder firmeza y acabar con una textura excesivamente blanda.
Por eso, controlar la humedad resulta clave cuando se combina con huevo o queso. Samantha Vallejo-Nágera lo hace con un paso previo muy sencillo: hornea primero el calabacín y solo después lo incorpora a una frittata que termina de cocinarse en el horno.
El primer paso
La receta parte de dos calabacines cortados en rodajas finas. Se colocan sobre una bandeja con papel de horno, se sazonan y reciben un pequeño toque de aceite antes de cocinarse a 200 ºC durante unos 20 minutos.
Mientras tanto, se cortan dos cebollas en juliana y se cocinan hasta que quedan tiernas y ligeramente caramelizadas. El objetivo es aportar un punto dulce que contraste con el sabor suave del calabacín sin convertir la preparación en un plato pesado.
Una mezcla sencilla
Cuando las verduras están listas, se baten cuatro huevos con una cucharada de yogur natural. A esa base se añaden la cebolla y el calabacín ya horneado, de manera que la hortaliza llega a la segunda cocción con parte de su humedad ya reducida.
La mitad de la mezcla se vierte en un recipiente apto para horno. En el centro se colocan dos lonchas de jamón cocido y parte de la mozzarella; después se cubre con el resto y se hornea de nuevo a 200 ºC hasta que el huevo esté cuajado.
El toque final
La preparación se termina con más mozzarella en la superficie y unos minutos de gratinado. El queso se funde, la parte superior se dora ligeramente y el interior conserva una textura jugosa, sin que el calabacín libere tanta agua sobre la mezcla de huevo.
Ese horneado previo es precisamente el detalle que marca la diferencia. Al cocinar el calabacín por separado, parte del agua se evapora antes de entrar en la frittata y resulta más fácil mantener una textura firme durante el segundo paso por el horno.
Más que agua
La Fundación Española de la Nutrición señala que el calabacín tiene un bajo contenido calórico y una elevada proporción de agua. También destaca su aporte de vitamina C y la presencia de pequeñas cantidades de fibra soluble.
Las recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición insisten, además, en dar protagonismo diario a frutas y hortalizas. El organismo aconseja al menos cinco raciones al día, con un mínimo de tres correspondientes a verduras y hortalizas.
Una cena resuelta
Su sabor discreto explica también la enorme versatilidad del calabacín. Admite horno, plancha, vapor, cremas, rellenos o preparaciones en crudo cuando está tierno, y combina con huevos, quesos, carnes, pescados, frutos secos y hierbas aromáticas.
En la propuesta de Samantha Vallejo-Nágera, esa sencillez juega a favor del plato. Un primer horneado controla la humedad; el huevo y el yogur unen el conjunto; y el jamón y la mozzarella completan una receta fácil que demuestra que el calabacín necesita muy poco para convertirse en protagonista.
Receta de la frittata
Esta es la receta de la frittata de calabacín de Samantha Vallejo-Nágera:
Ingredientes
- 2 calabacines
- 2 cebollas
- 4 huevos
- 2 lonchas de jamón de York o jamón cocido
- 4 lonchas de mozzarella
- 1 cucharada de yogur natural
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal
- Pimienta negra
Paso 1
Corta los calabacines en rodajas y colócalos en una bandeja. Añade sal, pimienta y un chorrito de aceite.
Paso 2
Hornea los calabacines a 200 ºC durante 20 minutos.
Paso 3
Corta las cebollas en juliana y póchalas a fuego lento hasta que estén tiernas y caramelizadas.
Paso 4
Bate los huevos con el yogur y añade la cebolla y los calabacines horneados.
Paso 5
Vierte la mitad de la mezcla en un molde y añade el jamón y dos lonchas de mozzarella.
Paso 6
Cubre con el resto de la mezcla y hornea a 200 ºC durante 15-20 minutos.
Paso 7
Añade las dos lonchas de mozzarella restantes y gratina hasta que el queso se funda.
Paso 8
Deja reposar unos minutos, corta y sirve.
