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La tortilla francesa esconde una curiosidad. Su supuesto origen español no está demostrado, aunque una leyenda lo sitúa en Cádiz durante la guerra de la Independencia, cuando la escasez habría obligado a cocinar la tortilla sin patatas.

La historia tiene un problema. En 1806, antes del asedio francés de Cádiz, el recetario británico Culina Famulatrix Medicinae ya recogía una preparación llamada "A French Omelette". Por tanto, la teoría gaditana debe tomarse con cautela.

Una prueba sencilla

Lo que sí está fuera de duda es que dominar una tortilla francesa requiere técnica. Jordi Cruz, cuyo restaurante ABaC mantiene tres estrellas Michelin, ha reconocido incluso que esta elaboración sirve para medir las capacidades de un cocinero.

No es una ocurrencia aislada. En MasterChef, David Andrés, entonces jefe de cocina de ABaC, enseñó a los aspirantes a preparar una tortilla fina por fuera y jugosa por dentro. El propio programa de RTVE la presentó como una prueba de precisión.

El punto decisivo

El primer secreto está en batir los huevos sin excederse. No interesa incorporar demasiado aire. Después se calienta una sartén antiadherente y se añade mantequilla, que ayuda a cocinar el exterior y aporta sabor.

Al incorporar los huevos, el movimiento debe ser rápido. Hay que remover durante los primeros segundos para conseguir una textura cremosa en el centro. Cruz compara el resultado ideal con un ravioli: cerrado por fuera y muy cremoso por dentro.

Cremosa, pero no cruda

Dabiz Muñoz sigue una filosofía parecida. En una de sus versiones más recientes, cocina tres huevos con mantequilla y los trabaja hasta conseguir una consistencia similar a una espuma antes de cerrar la tortilla. DiverXO conserva actualmente sus tres estrellas Michelin.

El último paso exige no perderla de vista. Cuando el exterior está cuajado y el corazón continúa cremoso, la tortilla se pliega sobre sí misma. Unos segundos de calor residual bastan para sellarla sin convertir el interior en una masa seca.

Otra forma de terminarla

Dani García propone una variante más contundente. Su receta incorpora guisantes tiernos, edamame y medio aguacate, además de mantequilla, aceite de oliva y salsa Bull vegetal. Después dobla la tortilla y la termina con orégano.

Las versiones cambian, pero la enseñanza es la misma. Una buena tortilla francesa depende más del control del fuego y de la textura que de la cantidad de ingredientes. Pocos minutos separan una cena improvisada de una elaboración capaz de poner a prueba incluso a un cocinero profesional.

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