Calamares a la romana

Calamares a la romana CG

Gastronomía

Los chefs coinciden: "La clave para conseguir unos calamares a la romana perfectos está en hacer la masa del rebozado con un poco de cerveza"

Una masa bien fría puede ser lo ideal para lograr un rebozado crujiente y ligero para este plato tan mediterráneo

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La masa es decisiva para conseguir que este clásico de bares y chiringuitos quede ligero por fuera y tierno por dentro, aunque no todos los cocineros recurren al mismo método.

Los calamares a la romana son uno de esos aperitivos que admiten pocas complicaciones. Unas gotas de limón, mayonesa o alioli suelen bastar cuando el producto y la fritura están bien ejecutados.

Sin embargo, lograr un rebozado fino, crujiente y nada aceitoso depende de varios detalles. La consistencia de la masa, su temperatura y el calor del aceite pueden cambiar por completo el resultado.

Una masa bien medida

La receta recogida por Joan Roca y Salvador Brugués en Cocina madre apuesta por harina, agua fría, huevo, bicarbonato, sifón y un chorro de coñac. El aceite debe mantenerse alrededor de los 175 grados.

El propio recetario explica que el objetivo es conseguir una pasta ligera y aireada. También advierte de que una masa demasiado espesa puede impedir que el calamar se cocine bien, mientras que una excesivamente líquida no lo cubrirá correctamente.

La alternativa con cerveza

Otra técnica muy extendida consiste en sustituir parte de esos elementos por cerveza bien fría. Anna Terés, autora de Anna Recetas Fáciles, prepara su versión mezclando cerveza y harina hasta obtener una masa espesa, pero suficientemente fluida para envolver las anillas.

La hostelera y divulgadora gastronómica Esther Martínez utiliza un procedimiento similar. En una receta, publicada este verano, mezcla harina, huevo y cerveza fría antes de freír los calamares en abundante aceite de oliva caliente.

El detalle que cambia el resultado

En ambos casos, la temperatura de la masa ocupa un lugar destacado. Terés emplea cerveza fría y Martínez insiste también en este punto para buscar un rebozado más ligero y crujiente.

No existe, por tanto, una única fórmula. La receta de los Roca demuestra que la cerveza no es imprescindible, pero sí lo es controlar la textura de la mezcla y la fritura. Un aceite demasiado frío deja el calamar blando y aceitoso; demasiado caliente puede dorarlo antes de que esté hecho por dentro.

Ahí está la clave de unos buenos calamares a la romana: una cobertura ligera, aceite a la temperatura adecuada y servirlos inmediatamente. Con cerveza o con sifón, el verdadero secreto sigue estando en dominar la masa y no perder de vista la sartén.

@xiquetamontgat ✨ Los calamares a la romana de la tía Antonia… los de toda la vida, con un rebozado perfecto que hacía que todo el mundo pidiera la receta. 🍺 Aunque muchos los conocen como calamares Orly, el secreto está en la masa: una buena cerveza bien fría, bien mezclada con la harina, para conseguir un rebozado ligero, aireado y espectacularmente crujiente. Y, por supuesto, siempre fritos en aceite de oliva. 📝 Ingredientes (2-4) 🦑 500 g de calamar fresco, cortado en anillas un poco gruesitas 🌾 150 g de harina 🥚 1 huevo 🍺 150 ml de cerveza bien fría 🧂 Sal 🫒 Aceite de oliva para freír 👨🍳 Seca bien las anillas de calamar. Mezcla la harina, la levadura, el huevo, la cerveza bien fría y la sal hasta obtener una masa lisa y sin grumos. Pasa los calamares por la masa y fríelos en abundante aceite de oliva bien caliente hasta que estén dorados y crujientes. ❤️ Guarda esta receta, anímate a prepararla en casa y cuéntame en los comentarios si también se han convertido en tus calamares a la romana favoritos. #recetasfaciles #calamares #cerveza ♬ sonido original - Esther Martínez

Una tapa recurrente

Los calamares a la romana gustan por una combinación muy sencilla: un rebozado crujiente por fuera y un interior tierno y jugoso. Su sabor suave y su textura hacen que sean una tapa fácil de comer y perfecta para compartir.

También tienen un fuerte componente tradicional y popular. Se asocian a bares, terrazas y comidas informales, y suelen servirse recién hechos, con limón o alguna salsa que aporta un toque extra de sabor.

Además, forman parte de una cultura de tapeo muy variada. Junto a ellos aparecen clásicos como las patatas bravas, la tortilla de patatas, las croquetas, los boquerones en vinagre, la ensaladilla rusa o el jamón ibérico, opciones que convierten el picoteo en una de las costumbres más reconocibles de la gastronomía española.