Saber preparar este clásico dominical es algo "básico y que todos deberíamos saber hacer", asegura Vero Gómez, chef y finalista de MasterChef 10.
La cocinera salmantina, reconocida por su estilo equilibrado entre creatividad y cocina saludable, ha compartido los secretos para perder el miedo al horno y lograr un pollo asado perfecto.
Su propuesta técnica aborda el problema habitual de la falta de jugosidad mediante una metodología clara con la que "no hay fallo", asegura. A partir de una materia prima de calidad, la chef combina el curado previo con un horneado preciso para conseguir una carne tierna y una piel dorada.
El proceso de curado previo
El primer paso clave consiste en curar la pieza en una combinación de sal, azúcar y hierbas aromáticas durante un intervalo de 4 a 12 horas.
La creadora explica que "cuanto más tiempo, mejor" para asegurar un sazonado homogéneo en toda la carne.
Esta salmuera en seco hace que la fibra "quede más jugosa, en el punto perfecto de sal de manera uniforme" y favorece una piel dorada. Además, el tratamiento previo con azúcar ayuda a que la capa exterior adquiera un tono crujiente de lo más vistoso.
Aromatización con cítricos y hierbas
Para intensificar los matices, la chef recomienda "ponerle alegría con aromáticas y cítricos" variados según las preferencias de cada cocina.
Una mezcla de tomillo, romero y orégano resulta ideal para impregnar la superficie junto a un buen hilo de aceite de oliva.
Introducir limón o naranja en la cavidad interna aporta humedad continuada durante el horneado. Asimismo, se puede rociar la bandeja con cerveza o vino para crear una base de jugos aromáticos que enriquecerán la carne.
Tiempos y temperaturas de horneado
Controlar el calor del horno es crucial, ya que "lo más normal de un pollo asado es que quede seco" si se sobrepasa el tiempo.
Para un ejemplar de unos 2 kilos, el rango adecuado se sitúa a 200 grados durante una hora u hora y cuarto.
Esta combinación de tiempo y temperatura permite cocinar el interior sin quemar la superficie. El calor sostenido logra fundir las grasas lentamente para dorar la piel sin deshidratar las partes más magras.
Control preciso con termómetro
Dado que "cada horno es un mundo", la forma más fiable de verificar la cocción pasa por clavar un termómetro en el centro del muslo.
Cuando la aguja señale 74 grados centígrados, la pieza habrá alcanzado la temperatura óptima sin margen de error.
Una vez retirado del calor, es imprescindible "dejar reposar entre 10 y 15 minutos antes de trocear" para asentar los fluidos. La cocinera confiesa que en su familia "siempre había guerra por ver quién se llevaba los muslitos", aunque defiende que la pechuga es imbatible si está bien ejecutada.
Consejos para el consumo diario
Aprender esta técnica permite disfrutar de un gran clásico dominical con la garantía de que "no hay fallo" posible en el proceso. La mezcla de curado en seco, cítricos y control de temperatura transforma por completo la textura final.
Puedes aplicar estos sencillos consejos en tu próximo pollo asado para lograr una piel dorada y crujiente con una carne tierna y llena de jugo.
