Con la llegada del calor, los helados vuelven a llenar los congeladores de los supermercados. Sin embargo, la mayoría de estos productos siguen siendo ultraprocesados, con una elevada cantidad de azúcares, grasas y aditivos que hacen recomendable un consumo ocasional.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha analizado diferentes helados disponibles en las principales cadenas de alimentación y concluye que solo un número muy reducido puede considerarse una opción más saludable. El estudio también recuerda que, aunque algunos obtienen mejores valoraciones, ningún helado debe formar parte del consumo diario.
Los mejor valorados
La investigación de la OCU se basa en aspectos como la calidad de los ingredientes, la presencia de aditivos, el perfil nutricional y la valoración mediante Nutri-Score. El objetivo es identificar aquellos productos que presentan una composición más equilibrada frente a la mayoría de alternativas disponibles en el mercado.
Entre todos los analizados, solo tres helados obtienen una valoración que permite considerarlos las opciones más saludables dentro de su categoría. Se trata del Häagen-Dazs Vanilla, el Häagen-Dazs Belgian Chocolate y el Carrefour Sensation Chocolate, que destacan por emplear ingredientes de mayor calidad y reducir el uso de grasas vegetales y aditivos presentes en la mayoría de competidores.
La mayoría suspenden
Los resultados del informe también dejan una conclusión poco alentadora. La inmensa mayoría de los helados examinados contienen numerosos aditivos, además de recurrir a grasas vegetales como las de coco o palma y a diferentes jarabes para abaratar costes de producción.
De hecho, la OCU señala que 28 de los 32 helados de tarrina analizados incorporan aditivos considerados poco recomendables, entre ellos los identificados como E-442, E-471, E-472c o E-14XX. Además, muchos sustituyen ingredientes tradicionales como la nata o el huevo por formulaciones industriales que reducen la calidad final del producto.
Qué recomienda la OCU
Los expertos insisten en que la clave no está solo en las calorías, sino también en revisar la lista de ingredientes y priorizar aquellos productos con recetas más sencillas y un menor grado de procesamiento. Un helado con menos aditivos y grasas de mejor calidad puede convertirse en una alternativa preferible para un consumo esporádico.
La propia OCU recuerda que los helados deben entenderse como un capricho ocasional, incluso cuando reciben mejores puntuaciones nutricionales. En la misma línea, las recomendaciones de las autoridades sanitarias pasan por mantener una alimentación equilibrada y reservar este tipo de productos para momentos puntuales. Elegir las opciones mejor valoradas puede marcar la diferencia, pero el consumo moderado sigue siendo la mejor recomendación para disfrutar del verano sin renunciar a una dieta saludable.
Las tres opciones
Tal y como nos explican los expertos de la OCU en las etiquetas está la clave del helado saludable que buscamos:
Mucho aire y bastante agua: El agregado de aire al helado es de una importancia fundamental para definir su calidad. En la práctica, son burbujas rodeadas de grasa que suponen el 50% del volumen del producto. Entre un 50% y un 60% de la parte que no es aire, es agua.
Azúcares, que evitan los cristales de hielo: Son una fuente de energía y tienen una notable importancia en la elaboración de los helados, ya que reducen el punto de congelación del agua. Intervienen en la textura del alimento y evitan que se formen grandes cristales de hielo.
Grasas: Los helados contienen entre un 5% y un 15% de grasa. La cantidad y el tipo de grasa determinan la calidad del helado y su textura. Además de la grasa láctea, en su elaboración se usan grasas vegetales, que no solo afectan al valor nutritivo del alimento, sino que determinan la temperatura de fusión.
Proteínas: Entre un 3% y un 5% del helado son proteínas. Durante el proceso de fabricación del helado, la grasa pasa a través de una pequeña válvula a alta presión para romperse en pequeñas gotas. Las proteínas se adhieren a la superficie de estas gotas de grasa, creando una membrana delgada y evitando que las gotitas de grasa vuelvan a formar gotas grandes.
