Patatas con salsa brava

Patatas con salsa brava CG

Gastronomía

Bélgica da una lección a España: "La salsa brava más rica no lleva ajo, sino 200 g. de mayonesa, 1 cucharada de mostaza y 1 cucharada de orégano seco"

La popular salsa belga comparte con las patatas bravas su gusto por el picante, aunque sus ingredientes y su origen cuentan una historia muy distinta

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La llamada salsa andaluza, conocida en Bélgica como andalouse, es uno de los acompañamientos más habituales para las patatas fritas. Sin embargo, pese a su denominación, no tiene ningún vínculo con Andalucía ni forma parte de la gastronomía española.

La receta parte de una base de mayonesa a la que se incorporan concentrado de tomate, pimiento y una mezcla de especias que le aporta un ligero toque picante. El resultado es una salsa cremosa que se ha convertido en un clásico de las freidurías belgas.

La empresa La William, fundada en 1963, asegura haber sido la primera en comercializar esta salsa. Según explica la propia compañía, el nombre se inspiró en el gazpacho andaluz, una referencia que buscaba aportar un aire exótico a un producto completamente desarrollado en Bélgica.

Mucho más que marketing

La estrategia no fue un caso aislado. La William también lanzó otras variedades con nombres como Samurái, Brasil o Americana, todas ellas concebidas en Bélgica, pero bautizadas con referencias internacionales para reforzar su atractivo comercial.

Con el paso de los años, la salsa andaluza ha terminado convirtiéndose en una de las favoritas para acompañar las patatas fritas. De hecho, muchos belgas la consideran un imprescindible en cualquier visita a una freiduría tradicional.

La religión de las patatas fritas

Para entender su éxito hay que comprender el papel que desempeñan las patatas fritas en Bélgica. Allí no son una simple guarnición, sino uno de los grandes símbolos de la gastronomía nacional y de la comida callejera.

Los conocidos fritkot, también llamados friteries o frituur según la región, forman parte del paisaje urbano y de la identidad cultural del país. Su importancia es tal que la denominada cultura del fritkot está reconocida como patrimonio cultural inmaterial en Bélgica desde 2017.

El secreto está en la doble fritura

La preparación también tiene su propia liturgia. La técnica tradicional consiste en realizar una doble fritura: una primera cocción a menor temperatura para cocinar el interior de la patata y una segunda más intensa para conseguir un exterior especialmente crujiente. En muchos establecimientos clásicos todavía se utiliza grasa de vacuno, una práctica que aporta un sabor muy característico.

Pero las patatas representan solo una parte de la experiencia. La otra gran protagonista es la amplia carta de salsas, que en numerosas freidurías ofrece decenas de variedades entre las que elegir. Escoger una u otra forma parte del ritual gastronómico casi tanto como pedir las propias patatas.

Con España y Bélgica enfrentándose sobre el césped, la gastronomía ofrece un curioso empate. Mientras unos defenderán las tradicionales patatas bravas, otros seguirán confiando en la salsa andaluza, una creación cien por cien belga que demuestra que, a veces, el nombre cuenta una historia completamente distinta a su verdadero origen.

Receta de la salsa

Esta es la receta de la salsa para tus patatas bravas:

Ingredientes

  • Mayonesa, 200 g
  • Concentrado de tomate, 2 cucharadas
  • Mostaza, 1 cucharada
  • Salsa picante, 1/2 cucharada (yo suelo usar harissa)
  • Pimiento del piquillo asado sin piel, 1 ud
  • Cebolleta, 1 ud
  • Aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada
  • Vinagre blanco, 1 cucharada
  • Orégano seco, 1 cucharada

Paso 1

Picamos el pimiento del piquillo y la cebolleta muy finamente.

Paso 2

Mezclamos la mayonesa con el concentrado de tomate, la mostaza y la salsa picante (harissa).

Paso 3

Incorporamos el pimiento y la cebolleta y removemos.

Paso 4

Mezclamos todo bien, tapamos con papel film y dejamos reposar un par de horas en la nevera, aunque también podemos consumirla en el momento.

Paso 5

Servimos con unas patatas fritas en bastones que iremos mojando en la salsa.

Si no encuentras harissa

Si no se encuentra harissa, la receta admite sustituciones muy sencillas. Esta pasta magrebí de chiles rojos puede reemplazarse por pimentón picante, cayena molida o chile en polvo. También funcionan una guindilla fresca picada muy fina o un chorrito de sriracha. En cualquier caso, conviene añadir el picante poco a poco, probar el resultado e ir ajustándolo hasta conseguir el nivel de intensidad deseado.

La mayonesa casera aporta un sabor más intenso y una textura más artesanal, especialmente si se elabora con aceite de oliva. Sin embargo, al contener huevo crudo debe consumirse el mismo día. La mayonesa comercial ofrece un resultado más estable, se conserva durante más tiempo en la nevera y elimina cualquier riesgo asociado al huevo. Un buen truco consiste en mezclar una mayonesa comprada con una cucharada de aceite de oliva virgen extra, lo que potencia su sabor sin complicar la preparación.

Aunque suele asociarse a las patatas fritas, la salsa andaluza tiene muchas más posibilidades en la cocina. Puede utilizarse como sustituta de la mayonesa en bocadillos, hamburguesas y sándwiches, combina muy bien con las carnes a la brasa y también aporta un toque diferente a las ensaladas. En Bélgica, además, forma parte del relleno habitual de la mitraillette, un popular bocadillo elaborado con una baguette rellena de carne, patatas fritas y salsa.