Gambas al ajillo

Gambas al ajillo CG

Gastronomía

Los cocineros coinciden: "La clave de unas gambas al ajillo sabrosas es aprovechar el jugo de sus cabezas para hacer un buen caldo"

La clave está en una parte del marisco que muchos tiran sin saber que puede transformar por completo esta tapa clásica

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Hay platos que resumen como pocos la cultura de bar en España. Las gambas al ajillo ocupan un lugar especial entre ellos, servidas en cazuelitas humeantes, con el aceite burbujeando y ese aroma a ajo que abre el apetito antes del primer bocado.

Su éxito está en la aparente sencillez. Bastan gambas, ajo, aceite de oliva y, si se quiere, una guindilla. Pero esa misma facilidad esconde el detalle que separa una ración correcta de una realmente memorable.

El gran secreto

Varios cocineros coinciden en un punto que muchos pasan por alto en casa: las cabezas de las gambas. Comprarlas ya peladas ahorra tiempo, pero también elimina una de las partes con más sabor del marisco.

José Andrés defiende desde hace años que ahí se concentra un jugo intenso, capaz de dar cuerpo a la salsa. Por eso recomienda comprar gambas enteras, separar las cabezas y extraer ese líquido para añadirlo al final de la cocción.

El resultado es una salsa más ligada, con un sabor mucho más profundo y una textura que invita a mojar pan. No se trata de complicar la receta, sino de aprovechar lo que normalmente acaba en la basura.

Más sabor

Ferran Adrià aplica una técnica similar, aunque con otro método. El cocinero dora primero las cabezas en el aceite y después las presiona para que suelten todo el jugo. Así consigue un aceite aromatizado antes de añadir las colas peladas.

Esa base cambia por completo el plato. Las gambas se cocinan en un aceite que ya sabe a marisco, ajo y fondo de sartén. La clave, insiste Adrià, está también en el tiempo de cocción: apenas unos minutos para que no queden duras.

María Morales, finalista de MasterChef 9, lleva el truco un paso más allá. Dora las cabezas y las cáscaras, las tritura con un poco de agua y obtiene un caldo exprés que incorpora después a la sartén.

La técnica

Ese caldo concentra el sabor del marisco y refuerza la salsa sin necesidad de añadir ingredientes extraños. Según ha explicado la cocinera, es un recurso aprendido en casa, de esos que pasan de generación en generación y mejoran una receta sin disfrazarla.

Otro detalle importante está en el recipiente. José Andrés prefiere la sartén frente a la cazuela de barro, porque permite controlar mejor la temperatura. El barro retiene mucho calor y puede seguir cocinando las gambas fuera del fuego.

Ese exceso de calor es uno de los errores más habituales. Si la gamba se pasa, pierde jugosidad y adquiere una textura gomosa. Por eso conviene trabajar con fuego medio, aceite caliente y una cocción muy breve.

El ajo importa

El ajo también exige cuidado. Debe cortarse en láminas finas, retirar el germen si se quiere evitar amargor y dorarlo con paciencia. Un ajo quemado arruina la salsa, por mucho que el marisco sea bueno.

También conviene retirar el intestino de la gamba con un corte poco profundo en el lomo. Es un gesto sencillo, pero mejora la limpieza del plato y evita sabores desagradables.

Al final, las mejores gambas al ajillo no dependen de una receta complicada. Dependen de respetar el producto, aprovechar las cabezas, controlar el fuego y servirlas en su punto. Porque en esta tapa, como en tantas otras, el secreto está en no tirar el sabor.

Receta de las gambas al ajillo

Esta es la receta de las gambas al ajillo:

Ingredientes

  • Gambas frescas enteras (con cabeza), 500 g
  • Aceite de oliva virgen extra, 100 ml
  • Ajo, 6 dientes
  • Guindilla seca (cayena), ½ ud (opcional)
  • Vino blanco seco, 50 ml
  • Perejil fresco, un puñado
  • Sal, al gusto

Paso 1

Separa las cabezas de las colas de las gambas. Exprime el interior de cada cabeza sobre un colador fino, ayudándote con los dedos o con una cuchara, y recoge ese jugo en un cuenco. Reserva también 4 cabezas enteras para dorarlas después.

Paso 2

Pela las colas dejando el último tramo de cáscara junto a la cola. Haz un corte superficial a lo largo del lomo y retira el hilo intestinal. Seca las gambas con papel de cocina y sazónalas a tu gusto.

Paso 3

Pela los ajos, retira el germen y córtalos en láminas finas. Lava el perejil, sécalo bien y pícalo muy fino.

Paso 4

Calienta el aceite en una sartén amplia a fuego medio. Cuando esté templado, añade las láminas de ajo, la media guindilla (si la usas) y las 4 cabezas de gamba enteras. Deja que se doren durante un minuto sin que el ajo llegue a quemarse.

Paso 5

Presiona las cabezas con el dorso de una cuchara o la mano de un mortero pequeño directamente en la sartén para que liberen su jugo en el aceite. Retira las cabezas y la guindilla.

Paso 6

Sube el fuego a intensidad media-alta e incorpora las colas de gambas peladas sin amontonarlas. Cocínalas apenas un minuto por cada lado, hasta que empiecen a ponerse blancas. Retíralas y resérvalas.

Paso 7

Vierte el vino blanco en la sartén y deja que reduzca unos segundos. Añade el jugo colado de las cabezas y remueve bien para emulsionar la salsa con el aceite.

Paso 8

Devuelve las gambas a la sartén, mézclalo todo con cuidado y retira del fuego antes de que rompa a hervir. Espolvorea con el perejil picado y sirve de inmediato con un buen trozo de pan para mojar en la salsa.