En un entorno dominado por las cañas y las tabernas tradicionales, Dis Tinto vuelve a levantar la persiana reivindicando el vino como eje central de la experiencia gastronómica. Situada en la céntrica calle Duque de Medinaceli, esta taberna madrileña reabre tras un periodo de cierre manteniéndose fiel a la filosofía con la que nació hace ya ocho años.
El proyecto, impulsado por el sumiller Iván de la Torre y el hostelero Ángel Vellón, se ha convertido en una rara avis dentro del Barrio de las Letras. “Por entonces, aquí no había nada de vinos”, recuerda De la Torre mientras enseña una bodega en la que conviven referencias nacionales con exclusivas botellas internacionales.
Cocina de mercado y vinos para todos los bolsillos
La propuesta gastronómica gira alrededor de una cocina de mercado diseñada para acompañar cada copa. Entre los platos más reconocibles aparecen la croqueta líquida, la tortilla de callos o el tartar de atún servido sobre media lima. Bocados pensados para compartir y para potenciar los matices de cada vino.
La carta permite moverse entre experiencias muy distintas. Desde botellas asequibles, de poco más de veinte euros, hasta referencias que superan ampliamente los cientos de euros. “En un rango entre los veinte y cincuenta euros pueden encontrarse vinos muy divertidos y muy buenos”, explica el cofundador del local.
El champán y el Jerez, las grandes insignias
Aunque la presencia del vino español domina claramente la oferta, con un porcentaje que ronda el 90%, hay dos categorías que definen especialmente la identidad de Dis Tinto: el vino de Jerez y el champán francés. Ambas ocupan un lugar preferente dentro de una selección elegida personalmente por sus responsables.
En el local no entra ninguna botella sin aprobación previa. Todo se prueba antes de incorporarse a la carta. “Botella que no nos gusta, botella que no entra”, resume Iván de la Torre. Esa selección minuciosa busca simplificar la decisión de un cliente que, muchas veces, se enfrenta a una carta extensa y compleja.
Cómo elegir un vino sin perderse
La clave, según el sumiller, está en entender qué busca cada persona en ese momento. Antes de recomendar una botella, el equipo pregunta qué tipo de vino quiere beber el cliente y a partir de ahí comienza la orientación. Una forma de acercar el vino tanto al aficionado experto como al consumidor menos habitual.
Esa pedagogía también se traslada fuera del restaurante. Cuando una botella llega a casa, empiezan las dudas sobre cómo conservarla correctamente. De la Torre insiste en que uno de los factores más importantes es mantener el vino a una temperatura estable, preferiblemente entre los doce y los quince grados.
La importancia de conservar bien una botella
El sumiller recomienda guardar las botellas tumbadas siempre que el consumo vaya a realizarse en un plazo relativamente corto. De esta forma, el líquido mantiene húmedo el corcho y evita que se reseque, algo que puede perjudicar la conservación del vino con el paso del tiempo.
Sin embargo, matiza que no existe una regla absoluta. “Si fueran vinos que vamos a tener mucho tiempo parados, los tendría de pie”, explica. También recuerda que la temperatura de conservación no coincide con la de servicio, un error frecuente en muchos hogares.
Para disfrutar correctamente de cada variedad, recomienda servir el vino tinto entre trece y quince grados, el vino blanco entre nueve y once y el champán entre tres y seis grados. Pequeños detalles que, según defiende, marcan la diferencia entre beber vino y realmente disfrutarlo.
