Plato de gambas

Plato de gambas CG

Gastronomía

Los chefs coinciden: si al cocinar las gambas cambian de color a un tono rosado uniforme es que la cocción está en su punto adecuado

Este es el detalle que determina si quedan jugosas o secas sin apenas margen de error

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Cocinar gambas parece sencillo, pero es uno de esos casos en los que un pequeño detalle marca la diferencia. Su textura es delicada y muy sensible al calor, por lo que basta un descuido para que pasen de estar jugosas a secas en cuestión de segundos.

El fallo más habitual, repetido incluso en cocinas experimentadas, es excederse en el tiempo de cocción. No se trata solo de una cuestión de técnica culinaria, sino de un proceso físico que altera directamente el producto.

Un estudio publicado en la revista científica Foods analiza como la temperatura y el tiempo de cocinado afectan a las gambas. Según esta investigación, el calor modifica propiedades clave como la retención de agua y la jugosidad.

Cuando las gambas se someten a temperaturas elevadas durante demasiado tiempo, sus proteínas se contraen. Este fenómeno provoca la expulsión de agua y da lugar a una carne más firme, pero también más seca y menos agradable al paladar.

Señales de sobrecocción

El resultado de ese exceso de calor es fácil de identificar. Las gambas adquieren una textura gomosa o demasiado compacta, perdiendo esa suavidad característica que se busca en este producto.

Además, su forma también cambia. Si se encogen en exceso y se curvan casi formando un círculo cerrado, es una señal clara de que han superado su punto óptimo de cocción. Para evitar este error, los expertos recomiendan retirar las gambas del fuego antes de tiempo. El calor residual termina de cocinarlas sin necesidad de mantenerlas expuestas directamente a la fuente de calor.

Este principio está respaldado por organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que señala la importancia de controlar los procesos térmicos en productos pesqueros para preservar su calidad.

La importancia de la temperatura

Otro aspecto clave es preparar correctamente la superficie de cocinado. La sartén o plancha debe estar caliente, pero no en exceso, evitando que llegue a humear.

Cocinarlas en tandas pequeñas permite mantener una temperatura estable. Así se consigue que se doren por fuera sin liberar demasiada agua, lo que ayuda a conservar su jugosidad interior. Más allá del tiempo, existen señales visuales fiables. El cambio de color a un tono rosado uniforme indica que la cocción está en su punto adecuado.

También es importante observar la forma. Una curvatura ligera es correcta, pero si la gamba se cierra demasiado, es probable que se haya cocinado en exceso, perdiendo calidad.

Un producto delicado

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recuerda que los productos del mar requieren tratamientos térmicos controlados para mantener sus propiedades nutricionales y sensoriales.

En el caso de las gambas, esto se traduce en ajustar tiempos y temperaturas con precisión. Cocinar menos no implica un error, sino todo lo contrario: es la clave para respetar el producto.

En definitiva, dominar este pequeño detalle convierte una receta simple en una elaboración cuidada. Porque en cocina, especialmente con ingredientes delicados, la diferencia entre un buen plato y uno mediocre está en segundos.