Martín Berasategui y los mejillones

Martín Berasategui y los mejillones CG

Gastronomía

Martín Berasategui, chef: "Los mejillones al vapor con limón mejoran con 6 dientes de ajo, 100 ml de vino blanco seco y 1 guindilla"

Una técnica sencilla y un equilibrio preciso transforman este clásico en una receta que gana con el tiempo

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Los mejillones al vapor con limón forman parte de la cocina cotidiana española, pero no siempre muestran todo su potencial. El chef Martín Berasategui propone ir un paso más allá con una versión en escabeche que transforma por completo este plato clásico.

La clave no está en ingredientes complejos, sino en respetar el producto y dominar unos pocos gestos técnicos. El resultado es una receta que se prepara en pocos minutos, pero que gana con el reposo y se conserva varios días en frío.

El valor de lo simple

El primer paso, aparentemente menor, es crucial: la limpieza del mejillón. Retirar correctamente las barbas evita estropear la carne y garantiza una textura firme. Tirar hacia la parte puntiaguda de la concha permite mantener intacta la estructura del molusco.

Este detalle técnico no es trivial. El mejillón es un alimento delicado que, bien tratado, ofrece una carne jugosa y rica en nutrientes como proteínas, hierro y vitamina B12.

Cocer lo justo

El segundo punto es el más repetido por los cocineros: el control del tiempo de cocción. En cuanto los mejillones se abren, deben retirarse inmediatamente del calor. Prolongar ese proceso provoca que pierdan agua y se vuelvan gomosos.

Berasategui insiste en este gesto porque define el resultado final. Una cocción precisa mantiene la jugosidad natural del molusco y evita uno de los errores más comunes en casa.

Equilibrio en el escabeche

El escabeche es una técnica tradicional con siglos de historia que combina vinagre, aceite y especias para conservar y potenciar el sabor. En esta receta, el chef apuesta por una proporción sencilla: misma cantidad de aceite que de vinagre.

Ese equilibrio es determinante. Un exceso de acidez enmascara el producto, mientras que demasiado aceite lo vuelve pesado. La mezcla adecuada consigue un sabor profundo, ligeramente ácido y muy aromático.

Más que una conserva

El escabeche no solo conserva, también aporta valor nutricional. La combinación de aceite de oliva, vinagre y especias añade compuestos antioxidantes y mejora la absorción de minerales presentes en el mejillón.

Además, este molusco destaca por su perfil saludable: es bajo en calorías, rico en proteínas y contiene ácidos grasos omega 3 beneficiosos para el sistema cardiovascular.

Un plato que mejora con el tiempo

Una de las grandes ventajas de esta receta es su capacidad de reposo. Preparar una cantidad generosa y dejarla en la nevera permite que los sabores se integren y ganen intensidad con las horas.

De hecho, el escabeche está pensado precisamente para eso: madurar el producto y ofrecer una experiencia más compleja al día siguiente. Es una cocina práctica, pero también inteligente.

El secreto está en los detalles

La propuesta de Berasategui demuestra que no hace falta reinventar la cocina para mejorarla. Basta con ajustar los procesos, respetar los tiempos y entender el producto.

En un plato tan humilde como los mejillones, esos pequeños gestos marcan la diferencia entre una receta correcta y una que realmente merece la pena repetir.

Esta es la receta de los mejillones:

Mejillones frescos, 2 kg

Cebolla roja, 2 ud

Dientes de ajo, 6 ud

Vino blanco seco, 100 ml

Vinagre de vino, 150 ml

Aceite de oliva virgen extra, 150 ml (más una base para rehogar)

Tomate frito, 6 cucharadas soperas

Pimentón dulce, 1 cucharada sopera al ras

Guindilla, 1 ud

Laurel, 1 hoja

Pimienta negra en grano, 1 cucharadita

Sal, al gusto

Limpia los mejillones bajo el grifo y retira las barbas tirando siempre hacia la parte más estrecha de la concha para evitar que se rompan. Pica las cebollas rojas y los dientes de ajo. Pon una base de aceite de oliva en una cazuela amplia e incorpora la cebolla, el ajo, la hoja de laurel y la pimienta negra en grano. Rehoga la mezcla a fuego medio durante 15 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté translúcida.

Añade la guindilla troceada y los 100 ml de vino blanco. A continuación, vierte de inmediato los mejillones limpios sobre la cazuela y tapa. Retira los mejillones de uno en uno según se vayan abriendo, para evitar que se cocinen en exceso. Reserva en un cuenco aparte. Sobre el caldo restante, incorpora la cucharada de pimentón, las 6 cucharadas de tomate frito, los 150 ml de vinagre y los 150 ml de aceite de oliva virgen extra.

Lleva el escabeche a ebullición y deja que hierva entre cuatro y cinco minutos para que se integren todos los sabores. Apaga el fuego y deja entibiar el escabeche. Mientras tanto, separa la carne de los mejillones de las conchas. Sumerge la carne de los mejillones en el escabeche templado, tapa el recipiente y déjalo en la nevera durante 24 horas antes de servir.