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En plena llanura del Alt Urgell, junto a la ribera del río Segre y en el estratégico cruce entre la C-14 y la N-260 --uno de los grandes ejes pirenaicos que conduce a La Seu d’Urgell-- se alza Adrall. Un pequeño núcleo con identidad propia dentro del municipio de Ribera de Urgellet.

Su condición de entidad de población le otorga una denominación específica y un carácter diferenciado, pese a su reducido tamaño.

Rodeado de paisaje abierto y aire limpio de montaña, ha construido su economía tradicional sobre la agricultura, la ganadería bovina y, en las últimas décadas, el turismo rural. Casas restauradas, alojamientos con encanto y una oferta gastronómica ligada al producto local han reforzado su atractivo.

No muchos saben que a comienzos del siglo XX, el pueblo también tuvo actividad industrial: una central térmica alimentada por lignito extraído de minas situadas en la zona llegó a funcionar aquí, dejando una huella singular en su historia.

Restaurante l'Estanc

Pero si algo define hoy a Adrall es su carácter combativo y su cocina contundente. Porque en los pueblos pequeños, la mesa suele ser grande. Y quien visita este rincón del Pirineo catalán tiene una parada obligatoria: el Restaurant l’Estanc (Calle Lloc, 1), todo un referente gastronómico en la zona.

El establecimiento comenzó con una modesta barra en un rincón que, día tras día, ganaba adeptos. Los vecinos se acercaban para tomar una cerveza o un vaso de vino. Pronto aparecieron los embutidos y, casi sin darse cuenta, la demanda fue creciendo.

Amigos y clientes habituales empezaron a pedir algo más consistente para comer, lo que impulsó la creación de un pequeño menú que terminaría convirtiéndose en seña de identidad.

Gastronomía de calidad

Así fueron recuperando recetas familiares y cocina de raíz: callos de cordero, cordero a la brasa de leña, trinxat, tacó o vientre de cerdo y manitas de cerdo, platos que conectan directamente con la tradición pirenaica.

Su fama ha cruzado fronteras comarcales: muchos clientes bajan expresamente desde Andorra para desayunar o comer, aprovechando la escapada para comprar pan en el cercano Forn d’Adrall.

Sin embargo, esta historia gastronómica tiene fecha de cierre. El 29 de diciembre de 2029 será el último día en que se podrá disfrutar de su cocina, coincidiendo con la jubilación de una de sus propietarias. Una despedida anunciada que convierte cada visita en una oportunidad única para saborear, quizá por última vez, uno de los templos culinarios más auténticos del Alt Urgell.

Valoraciones del restaurante

Los comensales avalan la calidad de sus platos y del lugar. Algunos apuntan que es su restaurante favorito y que tanto el servicio como el producto que ofrecen es de garantía.

"Tiene un menú diario y es un buen lugar para comer si pasas por aquí", apunta un cliente asiduo.

Es un restaurante con menú, de menos de 20 euros, con platos de zona y a la brasa. Es totalmente aconsejable antes de entrar a Andorra. Ofrece una cocina de montaña tratando con cariño ingredientes de km 0.

Otro recomienda el postre de helado de turrón y el de pistacho. Explica, también, que: "Los pies de cerdo están buenisimos, el vientre de cerdo todo un descubrimiento y los callos de cordero sublimes".

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