Nos encantan los postres catalanes porque tienen algo que no se improvisa: identidad, memoria y producto. Son dulces que no necesitan excesos para funcionar, porque parten de una lógica clara de cocina tradicional, de territorio y de ingredientes reconocibles.
Desde las recetas más sencillas hasta elaboraciones más festivas, hay una forma de entender el postre que combina equilibrio, textura y sabor sin perder autenticidad.
Hablan de masías, de hornos, de celebraciones populares y de una cultura gastronómica que ha sabido mantenerse viva sin renunciar a lo esencial. Y eso se nota en cada cucharada: en la cremosidad de un queso fresco con miel, en el aroma de un dulce de temporada o en esa sensación de estar comiendo algo que lleva generaciones haciéndose bien.
El postre catalán
El mel i mató es uno de los postres más representativos de la cocina catalana y, al mismo tiempo, uno de los más sencillos. Su nombre lo explica todo: se trata de mató, un queso fresco blanco y suave, servido con miel por encima.
A menudo se completa con nueces, aunque la base tradicional es esa combinación de lácteo y dulzor. Pese a su aparente simplicidad, tiene detrás una historia larga, vinculada al mundo rural y a una manera de comer basada en productos cercanos, de temporada y fáciles de obtener.
Qué es
Para entender qué es exactamente, conviene aclarar qué significa 'mató'. No es un simple requesón genérico, aunque a veces se traduzca así fuera de Cataluña. Este se describe como un queso fresco típico catalán, de textura cremosa y sabor muy delicado, normalmente sin sal y pensado para consumirse como postre.
Esa suavidad lo convierte en un producto ideal para acompañarse con ingredientes aromáticos, especialmente, con miel, que actúa como endulzante natural y aporta matices florales o de monte, según el tipo elegido.
Mel i Mató
Origen del mel i mató
El origen del mel i mató no puede fecharse como una 'invención' concreta, pero sí puede rastrearse en fuentes históricas con bastante claridad. Una referencia clave es el Llibre de Sent Soví, un recetario medieval en catalán fechado en 1324, donde ya aparece como un alimento que podía tomarse con azúcar o miel, e incluso con agua de rosas.
Esa mención es importante porque confirma que la idea de combinar este queso fresco con un ingrediente dulce no es moderno, sino que tiene raíces documentadas desde hace siglos en la tradición culinaria catalana.
Receta mel i mató
Estos son los ingredientes para hacer la receta del mel i mató en tu casa.
- 1 litro de leche entera.
- 2 gramos de sal.
- 40 ml de zumo de limón.
- Miel y nueces para acompañar.
Introducimos la leche y la sal en una cacerola y la ponemos al fuego. Calentamos hasta que alcance una temperatura de 70ºC. Retiramos la cacerola del fuego e, inmediatamente, le agregamos el zumo de limón. Removemos, tapamos y dejamos reposar al menos 15 minutos.
Cuando destapemos la olla veremos que la leche se ha cortado y eso es justo lo que buscamos. Colocamos un colador sobre un bol hondo y lo cubrimos con una gasa apta para cocina (también sirve una estameña). Vertemos el contenido de la cacerola, apretamos la gasa para que se filtre bien el suero y quedarnos solo con el cuajo.
Llevamos la gasa con el cuajo a la nevera durante al menos cuatro horas para que termine de cuajar. Sacamos el cuajo de la nevera, lo dividimos en porciones y servimos cada una con miel y nueces troceadas o enteras.
