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El Día Mundial de la Croqueta es la ocasión perfecta para rendir homenaje a este delicioso bocado que se prepara en todas las cocinas del mundo. Atrás quedaron los días en los que el jamón o el pollo eran los reyes indiscutibles del relleno. Hoy, las croquetas vegetarianas y veganas se posicionan como una alternativa que, no solo conquista a quienes han dejado la carne, sino también a los paladares más curiosos que buscan nuevas experiencias gastronómicas.

¿Qué hace tan especial a esta nueva generación de croquetas? En gran parte, su capacidad para adaptarse a los tiempos. La cocina de aprovechamiento, la creatividad sin límites y la necesidad de opciones más sostenibles han dado lugar a recetas que transforman ingredientes humildes en verdaderas delicias.

Dónde comer

La agencia Pica Pica Agency ha elaborado una selección con las mejores croquetas de Barcelona. Entre ellas destaca el Péndulo Beach Club, en Castelldefels. Frente al mar, esta delicia, es la reina de la casa, y tiende a convertirse como un tesoro del Mediterráneo: aquí encontrarás de gamba roja de Santa Pola, terminada con un toque de azafrán, y la otra, de cecina.

Croquetas del Péndulo INSTAGRAM

La oferta culinaria de Péndulo recibe valoraciones mayoritariamente positivas por parte de clientes y críticos gastronómicos, que resaltan la buena ejecución de platos como arroces melosos y pescados, así como la presentación y el sabor de elaboraciones más informales o de tapeo.

Situado en primera línea de mar, ha reinventado la propuesta culinaria tradicional de la zona combinando cocina mediterránea con una oferta festiva y lounge durante todo el día y la noche. Tras su completa remodelación, el local ofrece un ambiente sofisticado y relajado con vistas al Mediterráneo, terrazas a pie de playa, coctelería de autor, vinos seleccionados y una carta de platos elaborados con productos frescos.

Llegada a España

La llegada de las croquetas a España se sitúa, según la mayoría de los historiadores gastronómicos, en el contexto de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814). Durante ese periodo se produjo un intenso proceso de afrancesamiento, especialmente, entre las élites, que adoptaron usos culturales y culinarios procedentes de Francia. En ese marco habría empezado a difundirse la croqueta, de la que ya existían referencias documentadas en el año 1812, cuando se sirvió una fritura de este tipo a tropas inglesas presentes en el territorio. Lejos de mantenerse como un plato refinado, encontró en nuestro país un terreno propicio para transformarse y popularizarse rápidamente.

Desde sus primeros pasos en la cocina española, se consolidó como un alimento vinculado a las clases populares. Tal y como explica la gastrónoma Laura Conde, su éxito se debió a la combinación de ingredientes baratos, como la harina, con restos de otros alimentos; habitualmente, carnes de aprovechamiento como la gallina vieja.

Croquetas CANVA

Expansión de la croqueta

Las referencias no tardaron en multiplicarse: en 1819, Leandro Fernández de Moratín mencionaba las croquetas en una carta personal como un placer cotidiano, y en 1830 ya aparecía una receta de croquetas dulces de arroz en el Manual de la criada económica. Paralelamente, su venta se generalizó en fondas y hosterías, consolidando su presencia en la dieta diaria.

A lo largo del siglo XIX, se incorporaron de forma definitiva a los recetarios del Reino y lograron una rápida expansión por toda la península, llegando incluso a territorios de ultramar como Cuba y Puerto Rico. La escritora Emilia Pardo Bazán destacó en La cocina española moderna (1917) como la croqueta francesa fue adaptada al gusto español, ganando en suavidad y delicadeza hasta "deshacerse en la boca". Para la autora gallega, prácticamente, cualquier ingrediente podía ser 'croquetizado', desde carnes y pescados hasta verduras.

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