Emiliano García-Page

Emiliano García-Page

Examen a los protagonistas

Emiliano García-Page

El disidente permanente

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Emiliano García Page (Toledo, 1958) lleva presidiendo la junta de Castilla-La Mancha desde el año 2012 y hace ya unos cuantos que lleva ejerciendo de piedra en el zapato de Pedro Sánchez, que ha acabado enviándolo a la fachosfera por llevarle la contraria.

Intuyo que no hay manera posible de arrebatarle el cargo, pues, de ser así, el Puto Amo ya le habría dado la preceptiva patada en el culo. García Page es de los que piensan (pensamos) que Sánchez se está cargando la socialdemocracia tal y como la conocimos y obra en consecuencia, sin lograr, hasta el momento, la que debería ser su principal misión: crear una corriente de opinión dentro del PSOE que ejerza de oposición interna a las actividades muy censurables del Gran Jefe.

Llevamos años oyéndolo quejarse sin que se mueva nada: ni lo echan ni consigue que un sector relevante del partido le siga por el camino (¿de salvación?) que parece haber emprendido. Convertido en la versión socialista del enanito gruñón de Blancanieves, corre el peligro de convertirse en un personaje más de la farsa sanchista: va llegando el momento de hacer algo más que quejarse.

En esa línea parece ir la actitud de su gobiernillo ante la ley de financiación de las autonomías que pretende sacar adelante el presidente y que solo es del agrado de Cataluña y Canarias (aunque Illa insista en que es beneficiosa para todos los españoles).

Ya puestos, le sugiere el PP de la zona, ¿por qué no suma sus diputados a la petición de una moción de censura que aparte del poder a su enajenado jefe? Pero hasta ahí podríamos llegar, y se comprende perfectamente. Una cosa es el ruido de sables interior y otra, sumarse al de la oposición. García Page parece creer que aún está a tiempo de cambiar las cosas desde dentro y, además, no se ve capaz de coordinarse con el PP, probablemente porque considera que una cosa es la disidencia y otra, la traición.

Es poco probable que la ley de financiación autonómica tire adelante, ya que están en contra todas las comunidades del PP y unas cuantas del PSOE (aquí no cabe la habitual cacicada del decreto ley y la cosa tiene que pasar por el parlamento), pero la oposición del mandamás castellano manchego lo va a colocar definitivamente en la lista de desterrados a la fachosfera del presidente del gobierno, que, aunque viva sus últimos días como sátrapa progresista, los va a estirar todo lo posible.

En cualquier caso, sí, hay ruido de sables en el PSOE. Pero bajito y discreto. Ya veremos lo que da de sí esa Asociación para el Consenso Social y la Democracia que en cosa de un mes presentará su programa socialdemócrata (en su última reunión, apareció Felipe González y habló durante la friolera de tres minutos en los que no dijo nada relevante: mal auspicio).

Mientras tanto, veremos cómo termina la nueva tangana entre el presidente de Castilla-La Mancha y el presidente del gobierno. El segundo es implacable. El primero no se acaba de decidir a presentarse como una alternativa. Y sin líderes, no hay insurrección que lleve a ninguna parte.