Un montaje con una imagen de Juan Jesús Vivas de fondo
Moros en la costa
Van pasando los días en Ceuta y su presidente, Juan Jesús Vivas (Ceuta, 1953), sigue saliendo por la tele con cara de qué he hecho yo para merecer esto. Ha pasado más de un mes desde la extraña invasión a nado de setenta u ochenta mil personas procedentes de Marruecos y la situación de la ciudad autónoma se va eternizando mientras el gobierno central y su presidente no parecen saber muy bien qué hacer con el marrón humanitario que les ha caído encima.
Al principio todo estaba muy claro, como pudo verse por la reacción de Pedro Sánchez, que consistió en irse de vacaciones a las Canarias con mayor dotación policial que toda la ciudad de Ceuta. El pelota de Óscar Puente aprovechó para seguir haciendo méritos al tuitear que su puto amo había solucionado el problema ceutí, cuando el sindiós apenas acababa de empezar, pero es que lo de este hombre, como lo de sus trenes, no tiene arreglo. Algunas instrucciones debió de dar Sánchez desde La Mareta, pues enseguida se construyó el relato (ficticio) de que la derecha y la extrema derecha lo querían arreglar todo a hostias y que menos mal que el gobierno más progresista de toda la historia de España iba a aplicar una solución súper humanista en beneficio del mestizaje y el buen rollito.
En cualquier caso, al pobre Vivas (total, era del PP) lo dejaron tirado y más solo que la una, obligado a improvisar y a satisfacer al mismo tiempo al sector infantil y juvenil de la masa invasora (a los que no se puede devolver en caliente por razones que no se acaban de entender) y a los ceutíes que se sentían ocupados por una potencia extranjera (probablemente Marruecos, teniendo en cuenta que ahí nadie mueve un dedo sin el permiso del rey). Hubo que enviar a la ciudad autónoma, con carácter de urgencia, a policías y militares (aunque desarmados estos, con lo que, si eran atacados por los intrépidos nadadores, tenían que llamar a la pasma).
Mientras al señor Vivas le llegaba el agua al cuello, en Madrid se entretenían con las guerritas entre Grande Marlaska y Margarita Robles, cuyas versiones sobre los presuntos avisos del CNI diferían notablemente, aunque Patxi López insistiera en que eran complementarias. Sobre el terreno, los marroquíes se buscaban la vida o incurrían directamente en la delincuencia, como prueban las veintitantas violaciones registradas entre las adolescentes que formaban parte de la cochambrosa expedición.
Sánchez volvió de vacaciones y tuvo el cuajo de salir en una emisora de radio amiga a decir que, como todo ciudadano español, tenía derecho a su período vacacional. Se olvidó de que no todo ciudadano español es el presidente del gobierno. Que yo sepa, a Vivas no se le ocurrió irse de vacaciones a Cancún el día después de la invasión a nado. Por no hablar de todos los miembros de la Guardia Civil y de la Policía Nacional a los que se les canceló el asueto estival hasta nueva orden. Será que, cuando eres el puto amo, puedes hacer lo que te salga del níspero.