Pila roja al CEO de Fever, Ignacio Bachiller Ströhlein Linkedin
"No vuelvo a comprar un concierto Candlelight con Fever". No es el lamento de un cliente insatisfecho después de asistir al espectáculo de moda, sino el de alguien que ni siquiera llegó a disfrutarlo por la mala gestión de la plataforma: la actuación se había cancelado y nadie se molestó en avisarle.
Y no es un caso aislado. Durante este verano, las quejas recopiladas por Consumidor Global sobre el unicornio español del ocio no han dejado de acumularse: desde cancelaciones comunicadas tarde o directamente sin aviso hasta una rigidez extrema con los accesos. Es el caso de una pareja que perdió sus entradas —y su cita de aniversario— por llegar cuatro minutos tarde, sin que la compañía les ofreciera la más mínima alternativa.
¿Hay que recordarle a Fever que, en la industria del ocio, quizá más que en ninguna otra, el cliente siempre tiene la razón?
Al menos, hay que tratarlo siempre como si la tuviera. Porque hablamos de algunos de nuestros momentos más anhelados, y los clientes hacen bien en defenderlos con uñas y dientes.