Pila amarilla a Kamran Muzaffar, CEO de Oro Group Cedida
La confianza es uno de los activos más valorados en el ámbito de las inversiones. De ahí que el empresario hispanopakistaní Kamran Muzzaffar haya recibido como un jarro de agua fría la visita de un grupo de inversores que le acusan de haberles estafado con un proyecto inmobiliario en Islamabad, capital de Pakistán, cuyo inicio aun aguarda fecha desde el ya lejano 2010.
Lo cierto es que Muzzaffar se hizo el pasado año con el Dynamic Hotel de Caldes d'Estrac (Barcelona). Y además, procedió a sanear su delicada situación financiera, aquejada de frecuentes tensiones de tesorería. Además, ha llevado a cabo otras inversiones en el sector, hasta hacerse con una cartera de diez establecimientos en tiempo récord.
Sin embargo, el hecho de que un grupo de inversores hayan llegado desde Pakistán hasta Cataluña expresamente para encontrar al empresario y reclamarle explicaciones por haber enterrado su dinero en lo que sigue siendo a día de hoy en solar en Islamabad no es precisamente la mejor carta de presentación para seguir construyendo una imagen de empresario serio que pretende hacer un hueco en el ámbito hotelero catalán.
Aunque Muzzaffar asegura no ser el responsable máximo del proyecto fallido en tierras asiáticas e, incluso, se considere una víctima más de lo que parece ser una gran estafa, sería conveniente que aclarara cuanto antes esta situación. No en vano, el círculo inversor no es tan grande como para evitar con facilidad que las noticias se propaguen y su imagen quede en entredicho. En estos casos, el peor de los consejos es dar la callada por respuesta y tratar de escabullirse de aquéllos que le reclaman responsabilidad. Sobre todo, si no tiene nada que ocultar.