Pila roja para Laia de Nadal
Aunque una clasificación no pueda dictar por sí sola la calidad de una institución, una mala posición en el ránking de Shanghái obliga a levantar la ceja.
Así ocurre con el nuevo Academic Ranking of World Universities (ARWU) de 2026, que coloca a la Universitat Pompeu Fabra (UPF) en su tramo 401-500, bajándola desde la franja del 301-400 en la que había figurado en los años anteriores.
El dato resulta especialmente incómodo para la rectora, Laia de Nadal, porque sus dos grandes referencias catalanas con las que compararse recorren el camino contrario: la Universitat de Barcelona (UB) se conserva en el tramo 151-200, y la Autónoma de Barcelona (UAB) escala hasta el 201-300.
La fotografía es difícil de maquillar. Hace apenas un año, la UPF y la UAB compartían tramo. Ahora, la Autónoma saca una ventaja considerable a la universidad que, durante años, se ha presentado como una de las grandes joyas del sistema universitario catalán.
No sería serio atribuir exclusivamente este descenso en el ránking al trabajo de una rectora, pues el ARWU mide, sobre todo, el músculo investigador con premios, citaciones, publicaciones de alto impacto y producción científica.
También es precisamente por eso por lo que la respuesta de un rectorado no puede limitarse a relativizar la clasificación. Laia de Nadal asumió el cargo en marzo de 2023, y ha puesto buena parte de su proyecto en la investigación, la transferencia de conocimiento, la captación de talento y una gestión basada en datos.
La nueva Estrategia UPF 2026-2037, presentada este año, proclama además la ambición de construir una universidad más relevante, abierta y capaz de liderar los cambios. Por eso el retroceso llega en un momento particularmente inoportuno.
La UPF necesita menos retórica de excelencia y más señales objetivas de recuperación. Una estrategia a 12 años puede ser una brújula. Pero si la universidad pierde posiciones mientras la competencia avanza, toca demostrar que esa brújula apunta realmente al norte.