Carles Puigdemont

Carles Puigdemont

Examen a los protagonistas

Carles Puigdemont

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Dos años después de su sonada reaparición y posterior fuga exprés en Barcelona, Carles Puigdemont insiste en presentar un episodio de folletín como si fuera un triunfo político. Alardear de su entrada clandestina y de su veloz desaparición tras pronunciar un discurso en Arc de Triomf no revela la debilidad de las instituciones democráticas, sino la disposición del expresident a degradarlas con tal de mantener vivo su relato personal.

La gamberrada mediática de aquel 8 de agosto, concebida para ensombrecer el pleno de investidura de Salvador Illa, no aportó avance estratégico alguno al independentismo. Por el contrario, solo dejó tras de sí perplejidad y frustración. Hasta el propio espacio republicano, por boca de Gabriel Rufián, ha tenido que recordarle que la maniobra no pasó de ser un "ridículo" indigno de la figura de un expresidente y un uso irresponsable de una institución como los Mossos d'Esquadra.

Empeñado en agitar el fantasma de una "deconstrucción nacional" bajo el mandato del actual Ejecutivo catalán, Puigdemont confirma su incapacidad para asumir un papel político riguroso. Confundir la astucia de un escapista con la responsabilidad de un estadista es el síntoma definitivo de un dirigente incapaz de trascender su propio teatro.