Marc Puigtió, candidato de ERC en Girona expedientado
La política municipal exige un mínimo de ética y sentido institucional que resulta del todo incompatible con las indignas prácticas de Marc Puigtió. La situación en la que ha quedado el candidato de Esquerra Republicana (ERC) a la alcaldía de Girona, tras la filtración de unos audios inaceptables, no admite paños calientes ni parches.
Las grabaciones en las que reconocía abiertamente su intención de "echar a todos" sus compañeros para controlar la agrupación local constituyen una prueba flagrante de deslealtad. Ante un escándalo de esta magnitud, que liquida por completo su credibilidad ante el electorado, la única salida política digna pasa por dar un paso al lado de manera inmediata.
Querer zanjar el asunto con una tibia carta de disculpas a la militancia resulta del todo escaso cuando se dinamita la confianza básica. Y a su vez, la apertura de un expediente disciplinario por parte de la dirección se antoja insuficiente.
La cúpula republicana no parece haber calibrado correctamente las dimensiones del escándalo; dos meses después de mostrar su apoyo en público paseando con Puigtió por las calles de Girona, la secretaria general, Elisenda Alamany, no puede tampoco ponerse de perfil.
Puigtió debe renunciar a su candidatura y apartarse de la carrera por la alcaldía, y si no lo hace él, bueno sería que lo forzara el propio partido que encabeza Oriol Junqueras, al que reconoce que se ha enrolado para que aprovecharse de su proyección y de los recursos económicos para su campaña como alcaldable.