El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 18 de junio de 2026, en Madrid

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 18 de junio de 2026, en Madrid Europa Press

Examen a los protagonistas

Ernest Urtasun

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El aumento significativo de las subvenciones concedidas por el Ministerio de Cultura que comanda Ernest Urtasun a la Fundació Sentit Comú, la entidad vinculada a Catalunya en Comú, espacio del que procede, puede generar suspicacias. Que las ayudas públicas dirigidas a la fundación que preside la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se hayan duplicado bajo su mandato es un dato que invita al escrutinio público.

Es cierto que las partidas están destinadas a convocatorias regladas para la edición de revistas culturales y el fomento del pensamiento político, un marco legal perfectamente articulado donde la entidad concurre como muchas otras. Nadie cuestiona la legitimidad del procedimiento ni la proyección de actividades sin ánimo de lucro dentro del tejido asociativo.

Sin embargo, en política, la estética es tan crucial como la ética. En un momento de apuros electorales para los Comuns en Barcelona y con un horizonte de incertidumbre en la política estatal, cualquier movimiento que beneficie económicamente a las estructuras satélite de la propia formación alimenta el recelo sobre el uso de las instituciones para alimentar su red.

Urtasun cotiza al alza como el activo más sólido de su espacio en Cataluña y como posible recambio de futuro si el escenario municipal se complica. Precisamente por esa proyección de rigor y solvencia, al ministro de Cultura se le debe exigir un cuidado exquisito para evitar que el BOE parezca un instrumento al servicio del confort de la parroquia de los suyos.