Pila amarilla a Llum Rodríguez
La labor de la Sindicatura de Cuentas de Cataluña es encomiable. Peina el sector público, examina contrato a contrato, tratando de cerciorarse de que los altos cargos hicieron las cosas como mandaba la ley.
El fiscalizador vela por el buen uso de los recursos comunes, los que el sufrido ciudadano paga en tasas e impuestos.
Por ende, el trabajo del organismo es necesario, y suele ser de alta calidad e irreprochable. Con la excepción, quizás, del sector sanitario, el que más dinero público consume de toda la Administración autonómica.
Directivos de la red asistencial afean a la Sindicatura que "se fije en el árbol y no en el bosque", obcecándose con partidas menores o no fundamentales y dificultando su día a día. En detrimento de las grandes inversiones en inmovilizado, por ejemplo.
En síntesis, desde el sector alertan de que la Sindicatura, más que ayudar, entorpece. Si tuvieran que cumplir los elevadísimos estándares de exigencia del organismo, "los hospitales tendrían que parar".
Por ello, tienden la mano al ente para colaborar en la rendición de cuentas. Quizá es momento de que Llum Rodríguez, síndica major, tenga en cuenta ese ofrecimiento.