Òscar Fernández, alcalde de Cabrera de Mar
La intención del alcalde de Cabrera de Mar, Óscar Fernández (Junts), de reforzar la seguridad en el municipio merece, en principio, una valoración positiva.
Reforzar la seguridad de un municipio siempre debería ser una buena noticia. Los vecinos tienen derecho a exigir calles seguras y los alcaldes tienen la obligación de buscar fórmulas para mejorar la convivencia.
En ese objetivo, toda iniciativa es legítima si se ajusta a la ley y responde con honestidad a las expectativas generadas.
El problema surge cuando se difuminan las fronteras entre unas figuras profesionales y otras. Los agentes cívicos desempeñan una labor valiosa: informan, median en conflictos vecinales, fomentan el civismo y colaboran con los servicios municipales.
Pero no son policías ni vigilantes de seguridad, ni pueden asumir funciones para las que la legislación no les habilita.
Presentarlos como un refuerzo de la seguridad puede generar una percepción equivocada entre la ciudadanía y, lo que es más preocupante, acabar trasladando a esos trabajadores una presión que no les corresponde.
Porque cuando un vecino cree que quien viste un chaleco municipal está para intervenir ante un problema de seguridad, las expectativas dejan de coincidir con la realidad.
A ello se suma el reciente tirón de orejas de Inspección de Trabajo, que ha constatado deficiencias básicas en materia de prevención de riesgos laborales.
Si una administración pública exige el cumplimiento de la normativa a empresas y ciudadanos, debe ser la primera en dar ejemplo. No basta con crear nuevas figuras laborales; también hay que garantizar su formación, evaluar sus riesgos y proteger su salud conforme exige la ley.
La seguridad merece inversiones, planificación y profesionales cualificados. Y cuando la apuesta pasa por reforzar el civismo, conviene explicarlo con claridad.
Porque mejorar la convivencia es un objetivo tan legítimo como reforzar la seguridad, pero confundir ambos conceptos solo alimenta falsas expectativas y termina perjudicando a quienes menos responsabilidad tienen: los propios trabajadores.