Pila amarilla para el presidente del Grupo Bon Preu, Joan Font
Dos semanas llevan las estanterías vacías en varios establecimientos de Bon Preu debido a una incidencia informática. Las imágenes de desabastecimiento en un supermercado nunca son una buena carta de presentación: evocan, inevitablemente, los peores momentos de crisis económicas, conflictos o la pandemia.
La cadena afronta el creciente malestar de los clientes, muchos de los cuales han recurrido a las redes sociales para expresar su desconcierto. Que el fallo de software siga sin resolverse 15 días después pone de manifiesto las dificultades de la dirección para gestionar la crisis, sobre todo cuando la compañía ha pasado de dar el incidente por "resuelto" a reconocer que "no puede garantizar una resolución inmediata".
En un sector tan competitivo como el de la distribución alimentaria, Bon Preu no puede permitirse un problema de suministro prolongado. La empresa debe actuar con rapidez para restablecer la normalidad, mejorar la comunicación con sus clientes y dejar atrás las respuestas automatizadas en las redes sociales. Lo prioritario ahora es estabilizar su sistema logístico y recuperar la confianza de sus clientes.