Pila amarilla para Elisa Mouliáa
Ya sabemos que Íñigo Errejón (como su amigo Juan Carlos Monedero) se metió en política para pillar el cacho que no pillaba en su condición de profesor de universidad, y que tenía cierta tendencia (como Monedero) a meter mano a las chicas que le quedaban cerca, hasta el punto de incurrir -o acercarse mucho- en posibles abusos sexuales (de hecho, el nombre de su partido, Podemos, debería haber sido Follemos, con perdón).
La cosa se lio para él cuando una actriz llamada Elisa Mouliáa lo acusó de tal cosa y lo llevó a juicio por ello. A su manera, eso sí. Que consistió en no presentarse (tres veces) al juzgado que se encargaba de su caso y cuyo representante ha perdido ya la paciencia y le ha dicho a la policía que hagan el favor de detenerla en cuanto vuelva de ese país árabe en el que está rodando una campaña publicitaria.
En su momento, la señora Mouliáa estuvo a punto de retirar su querella por la atención mediática que tenía que soportar, pero luego optó por mantenerla y que fuese lo que Dios quisiera. Desde entonces, cada vez que el juez la ha llamado a declarar, ella no se ha presentado. Si llevas a alguien a juicio, digo yo, puedes decir que te lo has pensado mejor y retiras la querella o sostener ésta hasta las últimas consecuencias. En ese sentido, sostenella y no enmendalla, pero no dejarse ver por el juzgado constituye una extravagancia francamente molesta para el juez y el acusado.
La verdad es que todo empezó mal para la pobre Elisa. Según ella, Errejón la agredió en una fiesta, pero, en vez de enviarlo al carajo, aceptó su invitación para trasladarse a casa de él, pese a que su hija estaba enfermita y necesitaba de sus cuidados. La cosa sonaba a confusas negociaciones en estado alterado que no condujeron a nada, ya que ni hubo violación ni secuestro ni nada realmente punible: un malentendido sentimental como tantos que se producen a diario, sobre todo si hay alcohol y cierto polvo blanco.
El siguiente sindiós sexual del señor Errejón tampoco le trajo especiales problemas, ya que la denunciante, alumna aventajada de la escuela Mouliáa, presentó una demanda que luego retiró y nunca más se supo de ella (otra gran contribución feminista contra el abuso sexual). Si todas sus denunciantes son como estas dos, le auguro al amigo Íñigo un futuro más que brillante como depredador sexual.
Parece que Elisa Mouliáa ha estado mal aconsejada, y de ahí los bandazos que ha ido dando en el caso Errejón, pero, como diría Cole Porter, lo que toca es Let´s fase the music and dance. Alargar la situación no es bueno ni para ella ni para su presunto abusador. Ni para el juez, que debe estar hasta las narices de que le den plantón.