La 'consellera' de Educación de la Generalitat de Cataluña, Esther Niubó, en una entrevista con Crónica Global
El rechazo del profesorado al nuevo acuerdo educativo de Cataluña en la consulta promovida por el sindicato mayoritario Ustec supone un contratiempo político evidente para Esther Niubó. Aún así, la consellera del ramo ha optado por mantener el acuerdo.
Lejos de interpretar el voto negativo como una invitación a volver a la casilla de salida, Educación ha decidido preservar unas mejoras que continúan contando con el respaldo de cuatro de los cinco sindicatos presentes en la mesa sectorial, y que movilizan recursos inéditos para el sistema educativo catalán.
La postura remarca que los acuerdos alcanzados tras meses de negociación tienen valor por sí mismos y no pueden depender de cada cambio de viento. Es una posición incómoda de defender, porque queda expuesta tanto ante quienes consideran insuficientes las medidas como ante quienes rechazan cualquier concesión adicional.
La educación catalana acumula años de desgaste, infrafinanciación y reformas a medio hacer. Por eso resulta relevante que, por una vez, el debate no gire únicamente alrededor de las huelgas o los bloqueos, sino también de cómo traducir una negociación en medidas concretas. En este caso, en un acuerdo que moviliza 726 millones de euros adicionales, eleva los salarios docentes en hasta 450 euros brutos al mes, prevé la incorporación de más de 6.400 profesionales para la escuela inclusiva, la creación de 5.000 nuevas plazas y una reducción progresiva de las ratios.
El acuerdo difícilmente resolverá por sí solo los problemas estructurales del sistema. Pero representa uno de los mayores esfuerzos recientes para reforzar la escuela pública y reconocer el trabajo de sus profesionales.