El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha cerrado el acuerdo más importante de la legislatura: garantizar los primeros presupuestos catalanes desde 2023.
Las negociaciones con ERC no han sido sencillas, pero el líder del PSC ha conseguido que Oriol Junqueras renuncie a algunas de las líneas rojas que, inicialmente, se había marcado para conseguir su apoyo a las cuentas autonómicas.
Finalmente, las concesiones que Illa ha hecho a los independentistas a cambio de sus votos serán menos significativas de lo previsto. Ni el traspaso del IRPF ni la entrada de la Generalitat en la gestión del Aeropuerto de El Prat, dos cuestiones sumamente delicadas en las que más vale no errar, no entran en la transacción.
Illa ha logrado torcer el brazo a Junqueras a cambio de ceder el control del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) a la Generalitat y el Ayuntamiento, asumir el control del litoral, crear una sociedad mercantil de Generalitat y Estado para las inversiones, aumentar la dotación para la Agencia Tributaria Catalana, y asumir el compromiso para impulsar la línea orbital de Rodalies.
Si en marzo el acuerdo parecía complicado —ERC forzó al Govern a retirar el proyecto de presupuestos ya presentado en el Parlament—, tras las elecciones andaluzas la situación se ha desencallado.
Y en unas condiciones que Illa, sin duda, se puede apuntar como su mayor éxito político desde que llegó a la presidencia, y que allana su camino hasta el final de la legislatura.
